GUERRA TAURINA EN SEVILLA

¿Se imaginan ustedes que el director de la Scala de Milán dijera que en su teatro no hay dinero para Juan Diego Flores, o que en el Bernabeu no se pueda pagar a futbolistas como Ronaldo? Pues bien, en la Maestranza, plaza que hace la mayor caja de España, no hay dinero para las figuras. Evidentemente, la fiesta de los toros está fuera de época. O los taurinos que la manejan viven en otra Galaxia. Por eso, no extraña que Eduardo Canorea, su empresario, mande a José Tomás, el mejor torero de la época, a Senegal, y llame alacranes a las demás figuras. Buen talante para iniciar los contratos de Abril.

También desconcierta la reacción de los cinco magníficos. Si es comprensible su veto a la empresa sevillana, incomprensible resulta que castiguen a la afición de Sevilla, a la que todos deben tanto. A no ser que el veto del año 14 a la Maestranza sea el primer acto de una guerra con mayores ambiciones: cambio de poderes en el empresariado o toma del poder por parte de los toreros. Es dificil aclarar la disyuntiva. No hay datos ni se intuyen. Y además, los maestrantes, como en las encuestas, ni saben ni contestan.

Pero los tiempos son poco propicios para la guerra taurina. En la Fiesta, al contrario que en los sectores globales del ocio, con patrocinadores y multinacionales derechos televisivos, hay poco dinero. Sólo el que dan las taquillas, bolsa ya irrelevante en casi todos espectáculos.Y en este sentido, tienen razón los empresarios al decir que los toreros, al menos las figuras, cobran mucho, en demasiadas ocasiones todo o más de lo que hay en caja. Por eso, las figuras reducen el número de sus actuaciones: sin subvenciones municipales, hay pocas plazas que aforen lo necesario para pagar lo que piden. Tal vez eso sea bueno para la Fiesta. Sus pocas actuaciones serán más esperadas, intensas y memorables. Pero, ¿y el resto de los toreros? ¿Serán capaces de llenar las plazas aunque éstas bajen los precios? Mal lo tienen los toreros que no son figuras en nuestra época, porque ya no se habla ni se escribe de toros. Así pasan desapercibidos muy buenos toreros que, en otros tiempos mejor informados, serían figuras. Hoy se mantienen arriba los que por mérito llegaron a la cumbre y, sobre todo, los que por diversas razones hicieron marca a fuerza de años. Nunca tuvieron tan difícil el ascenso los toreros como en el presente. “Novedad” es hoy sinónimo de “desconocido”. Por eso, Juan del Álamo, con tres orejas seguidas en Madrid, y Joselito Adame, con dos grandes tardes en Madrid y Sevilla, no están en todas las ferias, lo que es toreramente injusto y comercialmente lógico: son “novedades”, son “desconocidos”. ¿Por qué no se escribe de toros, quién y qué habla o escribe de toros? Pasan cosas extraordinarias en los ruedos que, primero, devalúan las presidencias, y, después, no pasan a los medios informativos. Malos tiempos para una guerra taurina.
Y a todo esto, ¿cuál será la respuesta de la empresa Pagés al plante de las figuras a Sevilla? Nuestras cábalas, la próxima semana.

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