CORRIDA CONCURSO DE ZARAGOZA: LIDIARLOS PARA QUE NO EMBISTAN

El torazo de Cuadri –más de 600 kilos- lidiado en la concurso de Zaragoza no fue un toro bravo. Sí, fue de lejos al caballo cuatro veces, pero cuando llegó al peto no peleó, en el mejor de los casos se dejó pegar, en la segunda vara huyó, y a la postre llegó a la muleta sin picar. Luego, en el último tercio esperó, pensó y cuando embistió lo hacía con malas ideas, con violencia pero sin emplearse. Y el toro que no persigue con celo el engaño que lo provoca no es bravo.

Más bravos en varas fueron el toro de Adolfo Martín, el de Alcurrucén, que empujaron y, más aún, el de Fuente Ymbro, que fue de largo, recargó, romaneó y derribó. Y aunque le picaron mucho, más que a sus rivales porque se empleó más, llegó a la muleta con celo, con casta, con nobleza, sin dolerse un solo instante salvo al final, cuando tras una larga faena y muy sangrado hizo amago de rehusar la pelea en un terreno impropio, el de tablas, pues el toro pedía desde el principio más plaza, los medios. Fue mejor que el toro de Zalduendo, también bravo de verdad.

Una crítica al concurso: ¿Se pica para que los toros queden extenuados en el primer tercio? ¿Qué debe evaluar una corrida concurso, la fuerza o la bravura?

Y un suspenso: al jurado que premió a un toro bravucón, que no bravo, el de Cuadri, y que ignoró a un toro de bandera, el de Fuente Ymbro.

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