CORRIDA DE INAUGURACION EN LAS VENTAS ¿DONDE ESTA EL PUBLICO DE MADRID?

Se marchó mucha gente de la ciudad, pero al menos tres millones se quedaron en casa. ¿Por qué en Las Ventas no había ni siete mil personas? Tres toreros nuevos y prometedores: Jiménez Fortes, David Galván y López Simón ante toros de Puerto de San Lorenzo, una ganadería de prestigio. ¿Es que somos tan pocos los aficionados?

Pero la cuestión no fue el número de espectadores, sino en cómo se comportaron. ¿Exigentes?, no. ¿Complacientes?, tampoco. ¿Se aburrieron?, no lo creo. ¿Cuál era el problema?

 A mi modo de ver, sólo uno: que no veían el toro. Ni sus complicaciones, ni su peligro. Los del Puerto fueron grandes. Pesaron 574, 565, 616, 619, 550 y 596 kilos, respectivamente. Eran armarios de tres cuerpos, pero lo de menos fue su peso y sus grandes pitones, porque tenían noble condición. Su dificultad se cifraba en un natural desequilibrio entre fuerza y volumen, lo que les hacía embestir con deficiencia. ¿Cómo mover, desplazar con ritmo y continuidad semejantes moles? Por eso tuvieron mucho mérito, y mucho peligro, las dos faenas de Jiménez Fortes. Por inteligencia, quietud y aguante. Pero el público no las vio: exhibió la frialdad del que no se entera. Tampoco valoró en su medida los buenos muletazos de David Galván al quinto. Y si se entregó a las dos faenas de López Simón, que debió cortar una oreja a cada toro y no lo hizo, la primera porque el presidente no quiso concederla y la segunda porque pinchó, fue más por paisanaje –la mitad del público era de Barajas, pueblo del torero muy cercano a la plaza- que por el mérito indudable de sus trasteos.

El toro noble en su respuesta al cite, y dificultoso para el toreo a partir del embroque, aburre a los espectadores no aficionados. Atribuyen al torero el desajuste de las embestidas y su entrecortada descontinuidad. En conclusión, la franqueza de sus intenciones y la dificultad de sus embestidas es una buena mezcla para el aburrimiento del profano.

Y es que el toro inmenso impuesto por el torismo, desproporcionado estéticamente –no compone bien con el torero-, incapacitado técnicamente –tampoco se mueve bien- interesa sólo a cuatro (malos) aficionados y atolondra a los (pocos) espectadores ocasionales. Mi impresión fue que esta corrida, en el límite de los 500 kilos habría dado un gran juego.

¿Estuvieron mal los toreros? Estuvieron bien, excepto en la longitud de sus faenas: sonaron avisos en todos los toros y en el segundo de la tarde, tres, sin que los matadores tardaran en matar. ¿Estuvieron mal los toros? Bastante hicieron con mover (mal) semejantes moles de carne. ¿Quién estuvo mal? El público. Mejor dicho, los dos públicos: el que no fue a ver un cartel juvenil muy interesante y el que sí asistió, porque no se enteró de nada.

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