LA IMPUNIDAD ANTI-TAURINA

Hay que congratularse por la condena del presidente del CRAC, en el Tribunal correcional de Dax, por injurias y ultraje a aficionados el pasado agosto en la localidad de Rion que había tratada de « degenerados » y « perversos ». Sin embargo es mas bien simbólica ya que la multa de 300 euros y 700 mas por daños y perjuicios no afectarán excesivamente la economía de este señor ni de su asociación. Pero sienta un precendente a la espera de otras comparecencias en las que las condenas podrían ser mayores. Porque la impunidad en la que se desarrollan las manifestaciones anti-taurinas con insultos y ultrajes en presencia de la mujer o del marido, de los niños o de los amigos es intolerable en un estado de derecho. Estas provocaciones no tienen otro objetivo que el de poder filmar o fotografiar las reacciones de los aficionados agredidos traficando lo que de verdad aconteció. Pero no han conseguido otro de sus objetivos que era el de ahuyentar a la gente de las plazas, todo lo contrario, acudir a ellas se ha convertido en un acto militante a favor de la libertad de expresión y por el respeto de las tradiciones. Pese a todo el espَíritu festivo se ha visto mermado, sobre todo en los pueblos donde los grupúsculos anti-taurinos se notan mas que en las grandes ferias donde pasan practicamente desapercibidos. La mobilización de estas organizaciones ha sido importante durante el verano en Francia y en estos principios de temporada sin duda para hacer presión sobre las alcaldías pero sus argumentos no han influido en la campaña de las municipales, prueba una vez mas de su carácter minoritario en la regiones taurinas. Sin embargo algún dia habrá que interesarse sobre el costo que suponen sus manifestaciones para la colectividad, con desplazamientos y alojo de fuerzas anti-disturbios que vienen a veces de lejos hasta pequeños pueblo como es el caso de Rion en Las Landas. Costos que pagamos todos, por muy escasos que sean los manifestantes y todo ello en detrimento de nuestro derecho a asistir libremente a un espectáculo autorizado, sin recibir amenazas.

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foto Bertrand Caritey

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