NADA NUEVO BAJO EL SOL

Impelida la Empresa Pagés, por el plante de las cinco figuras, a quebrarse el magín a fin de buscar novedades y atractivos que reparen en lo posible las dificultades de montar una cartelería abrileña medianamente aceptable, creyó oportuno anunciar para el Domingo de Resurrección un mano a mano entre Manuel Escribano y Daniel Luque, con toros de Miura.     Aparecida la noticia, se llegó a decir que era la primera vez que se anunciaba un mano a mano en Sevilla en tal festividad y que se lidiaran reses de Miura en la misma. Sin embargo, ni una cosa ni otra constituyen novedad alguna para la historia de La Maestranza. No hay por tanto nada nuevo bajo el sol.     Es cierto que tendríamos que remontarnos a la temporada de 1916 –23 de abril–, para consignar el último mano a mano de Resurrección celebrado en dicha plaza. Lo protagonizaron en un ambiente de desbordante expectación Joselito y Belmonte, con estreno de ganadería incluido, pues ese día debutaba la del marqués de Albaserrada. El festejo dejó como única nota reseñable la multa de 1000 pesetas que tuvo que pagar el flamante ganadero –250 por astado antirreglamentario–, al comprobarse que cuatro de las reses lidiadas eran novillos y no toros.     Éste sería el último de los siete celebrados en Sevilla la fecha pascual del siglo XX. De los seis restantes –a ninguno de los cuales asistió el triunfo grande–, el cartel de espadas más repetido lo compusieron Ricardo Torres, Bombita, y Rafael El Gallo, que hicieron el paseíllo en los años 1904, 1911 y 1913, todos bajo el denominador común de “corrida de expectación, corrida de decepción”, salvo por una faena lucida del Divino Calvo al cuarto camposvarela del último encuentro, que le valió dar la vuelta al ruedo; por entonces, el premio mayor que otorgaba La Maestranza.     En el siglo XIX, en cambio, serían numerosos los mano a mano anunciados en la plaza sevillana para el Domingo de Resurrección, y es entre ellos –circunscribiéndonos a este tipo de festejos– donde encontramos la presencia de las reses de Miura.      La primera vez que esto ocurre en tal festividad, corre el año 1868 –12 de abril–, lidiándose los gordos y lustrosos toros traídos para la ocasión a nombre de Antonio Miura. Para estoquearlos, hicieron el paseo a plaza llena Cúchares y Lagartijo. La segunda vez que las reses de la “A” con asas se lidian en similares circunstancias es el 31 de marzo de 1872, figurando como espadas Antonio Carmona, El Gordito, y José Negrón.     Todavía hay una tercera vez que el nombre de Miura reza en los carteles del Domingo de Resurrección para un mano a mano torero. Ocurre el 1 de abril de 1877, siendo los espadas actuantes Lagartijo y Chicorro. Ese día, con lleno a rebosar, se inauguró el nuevo redondel del coso sevillano, que se había achicado bajándole el piso para la construcción de las contrabarreras. Y de ahí hasta éste de ahora, que reedita el diseño 137 temporadas después.

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