SAN ISIDRO 2014. PRIMERA NOVILLADA; PÚBLICO, 1; AFICIONADOS, 0

Madrid San Isidro 2014. Primera novillada; Público, 1; aficionados, 0

La novillada de Fuente Ymbro echó dos utreros bravos (1º y 4º) y cuatro mansos de solemnidad. Y como la divisa está encastada, salieron con mucho genio defensivo.

El primer espada, Mario Diéguez, que es un torerito de espejo y sin valor, dejó que picaran en exceso a primero y cuarto, y se limitó a tirar líneas. Pero sus dos compañeros de terna eran toreros bravos y se impusieron a la peligrosa mansurronería de sus enemigos. Provocaron emoción, supieron encerrar a sus bueyes en tablas, y torearon mucho. No un toreo bonito, pero sí de aguante y mando, el necesario para encandilar al público, pero no así a los aficionados del 7, que prefieren lo bonito a lo bueno.

El valenciano Román conectó con la grada, se montó en sus toros y se ganó una legitima oreja, uno de esos trofeos que antes se daban en Madrid y que ahora desdeñan los academicistas tópicos. Bien por el presidente, bien por el público. El tercero de la terna, José Garrido, confirmó la grata impresión que produjo en su anterior actuación.

Conclusión: ganó la sensibilidad del público, perdió el academicismo cegato de los supuestos aficionados.

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