SAN ISIDRO 2014. DEL 13 AL 16 DE MAYO. IVÁN FANDIÑO. JOSELITO ADAME y TRES BRAVOS “JANDILLAS”

San Isidro 2014. Cuarta corrida. Iván Fandiño, figura del toreo

Parladé, seis de seis. Es decir, seis toros bravos. De bravura encastada, 1º y 4º; de bravura noble, 3º y 6º; y de bravura con mucho que torear, 2º y 5º. El viento y la prudencia de dos toreros –El Cid está sin sitio y Teruel no lo ha tenido nunca- no bastaron para tapar tan magnífica corrida.

La redimió Iván Fandiño, que estuvo hecho un torerazo. Pudo a los toros y asustó al viento. Le auxilió una gran cuadrilla, a pie y a caballo. Pero el mérito de su triunfo solo a él le incumbe. Toreó muy bien a la verónica a su primero, por el pitón bueno, el derecho, y por el malo. Y con la muleta, después de acoplarse por derechazos consiguió hacerlo por naturales.

Autoridad, buen trazo y una impecable estocada le entregaron la primera oreja. Al quinto, bravo pero sin humillar, la dio ventajas, lo picó poco, le dio tiempos en la faena para que se rehiciera entre tanda y tanda, le llevó muy toreado, le pegó unos cambios soberbios, majestuosos, en tablas, ligó el toreo en redondo, rematando los muletazos por debajo de la pala del pitón, y lo mató sin muleta, a topacarnero, a cambio de una voltereta monumental.

Pero el toro había recibido un estoconazo que, sin embargo, precisó de dos descabellos. El que sobró le costó una oreja. Naturalmente, salió a hombros por la Puerta Grande y dejó un mensaje retador a todos los toreros de la feria. Iván Fandiño ya es figura del toreo

San Isidro 2014. Quinta corrida. Joselito Adame, un torero castigado

¿Qué pasa si el presidente de la corrida es un aficionado de medio pelo? Pues pasa que no se entera. Y ese despiste se evidencia cuando tiene que analizar una faena y dirimir si la mayoría peticionaria de oreja está cargada de razón o no. La faena de Adame a un torancón de Torrealta con 593 kilos y cinco años de edad tuvo un mérito extremo. El toro era brusco y sin entrega, por lo que el espada le dio plaza en los medios, es decir todas las ventajas. Allí le aguantó, le mandó, le extrajo embestidas y las llevó toreadas hasta que le demostró que en ellas mandaba él. Luego, a medida que el bicho se sintió dominado lo dejó que se deslizara hacia los adentros, donde buscaba tímidamente refugio. Y entre los dos rayas de picar, le pisó terrenos inverosímiles, de angustia. Y lo hizo sin aspavientos, con gallardía. Y después lo mató de una estocada que lo tiró sin puntilla. ¿Se le podía hacer más a ese cinqueño poderoso, de enormes pitones y tanta seriedad en sus renuentes embestidas? ¿No es torear algo más, mucho más, que dar pases? ¿No es eso lo que dicen los buenos aficionados? Eso fue lo que manifestó el 90 por ciento de la plaza, que reclamó la oreja. Pero el presidente, por lo visto, pertenecía al 10 por ciento que no se había enterado y la denegó antirreglamentariamente, no se vaya a pensar que la feria funciona.

El resto de la corrida careció de interés. Toros inválidos, cornalones y feos de La Palmosilla, un sobrero mediocre de Sánchez Dalp, y dos toreros, Padilla y Escribano, que aburrieron a las ovejas.

San Isidro 2014. Sexta corrida. La fuerza, soporte de la bravura

Los toros de Victoriano del Río estaban bien presentados, ofrecían capas multicolores y eran bravos. Pero no tenían fuerza, excepto el sexto. En consecuencia, la blandura de remos –algunos perdían las manos después de haber derribado al caballo- expulsaba la emoción de la plaza, las embestidas humilladas estaban prohibidas y las llevadas a media altura terminaban por ser cortas y pocas. Toda la corrida, además justa de casta, fue una demostración de que la bravura sin fuerza no es nada.

Pero como la nada tenía seria estampa y en el ruedo había buenos toreros, se vieron cosas. Las suficientes para que la gente, decepcionada, no saliera aburrida del coso. Ponce hizo una buena faena al cuarto. El toricantano David Galán ligó, en algunos tramos de sus faenas, el toreo en redondo a dos toros de triunfo. Y Castella, a quien vi con mucho fondo, se estrelló con un lote de imposible lucimiento.

Con este tipo de ganado y dos figuras en el ruedo, los “sabios” de Las Ventas se dejan ver tanto como los toreros. De modo que a Ponce, con veinticinco años de alternativa, y a un diestro con la pujanza de Castella, les aconsajeron cómo colocarse; y Galán, cuando citaba con la muleta muy adelantada, que se pusiera derecho. Es para morirse de risa.

Último dato: el sexto toro, de bella lámina, fue el único bien picado de toda la tarde. Su autor fue Tito Sandoval, y su labor se apreció en el juego que el animal dio en la muleta.

Atención a la suerte de varas.

San Isidro 2014. Séptima corrida.Tres bravos “jandillas”

 Era una corrida partida en dos. La primera parte la compusieron tres toros feos, con grandes y desiguales pitones, y con más altura que trapío, que dieron mal juego. Los tres toros últimos, de buena lámina, y dos de ellos (5º y 6º) con mucho peso, fueron bravos. El público, dirigido por el tendido 7, los vio a la contra.

Pero la bravura, a mitad de corrida, se impuso a los reventadores. El 4º, respetado, pasó algo desapercibido porque El Fandi con la muleta es una nulidad, se los pasa lejos, sin aguante y sin querer ligar el toreo. Pero el 5º, con bella estampa y mucha movilidad, era un toro de público.

Que su bravura fuera in crescendo corrió a cargo de Iván Fandiño, que primero lo toreó en línea, para que se confiara, y después, cuando se fajó con él en el toreo natural, le dio tiempos, entre tanda y tanda, para que se rehiciera. Quizá tiempos demasiado largos, que desarticularon su faena y le restaron intensidad.

El toro fue ovacionadísmo en el arrastre, más que Fandiño cuando saludó desde el tercio. Sin embargo, al 6º, que a mi modo de ver fue el más bravo, lo silenciaron, tal vez porque Joselito Adame estuvo aparentemente voluntarioso y realmente medroso. Los toros embisten más cuando se los cita de verdad y se les deja la muleta puesta entre pase y pase. ¿Vio algo en el toro Adame que yo no veía desde mi fila 14? Puede ser.

Pero el resultado fue que Adame amainó la ilusión creada en su primera actuación, del mismo modo que Fandiño atemperó la apoteosis de su primera tarde. La bravura es el juez más duro de los toreros. ¡Ay, si estos tres toros hubieran pertenecido a una ganadería torista! Ahora los estarían cantando en los papeles.

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