SEVILLA A FERIA PASADA

 Terminó la feria abrileña. Es momento de hacer control de daños. Habría que remontarse muchas décadas atrás para encontrar tanto ladrillo visto en semana de farolillos y en la feria en general: cinco tardes en torno a la media entrada, tres a tres cuartos y tres a dos tercios. También habría que investigar en los archivos de la Empresa para encontrar una nómina de toreros tan baja en emolumentos, un número tan pequeño de abonados, y la sustanciosa merma recaudatoria que han debido sufrir los Maestrantes.

Tal vez, sólo la Empresa haya mantenido intacto su nivel de ganancias, pues, seguramente, habiendo disminuido ambos, los gastos se redujeron más que los ingresos, al mantener, con un elenco de toreros mucho más barato, los mismos precios de las localidades que el año anterior. Otro abuso más de la empresa Pagés, que, si fuera balompédica, tendría la desfachatez de cobrar por ver al Barcelona y al Real Madrid, lo mismo que por anunciar al Celta y al Getafe. Esto y no otra cosa es lo que ha ocurrido este año respecto a la Feria del 2013.

La aritmética empresarial es simple: hago menos caja, pero abarato costes y al final me llevo lo mismo. Que va menos gente a los toros, que Sevilla taurinamente hablando cada vez pesa menos, que cada día hay menos afición…, ¡qué le importa a la Empresa! Lo importante es que al final cuadren las cuentas, aunque los carteles sean flojos, el atractivo brille por su ausencia y al público le duela el trasero de aburrirse un día tras otro, cosa esta última que sería injusto achacar a los empresarios, pero que tampoco son ajenos a ella.

Lo cierto es que, por mucho que la Prensa sevillana, salvo honrosas excepciones, se haya alineado servilmente con Eduardo Canorea y Ramón Valencia, es inadmisible una Feria de Abril sin las principales figuras del escalafón. Lo cierto es que gestionar una plaza como La Maestranza requiere diplomacia y respeto y es incompatible con la chulería, la prepotencia y el más chocarrero desahogo; que una cosa es el legítimo derecho que tiene cada cual a defender sus intereses y otra muy distinta creerse el amo del cortijo y tratar a los demás como si fueran siervos.

La pregunta que rueda ahora por los tejados del toreo –Maestrantes incluidos– es qué se va a hacer para solucionar el problema. ¿Darán marcha atrás las figuras y se avendrán a torear con la actual empresa? Probablemente, las más frágiles accedan y el resto no. ¿Se plantearán los señores maestrantes la posibilidad de rescindir el contrato a Canorea y Valencia para buscar un horizonte más ilusionante a la gestión de la plaza? Personalmente, lo dudo; aunque sería lo mejor que le podría ocurrir a la afición sevillana. En todo caso, una Empresa incapaz de contratar a los seis toreros más importantes del momento, no puede llevar las riendas de un coso tan señero como el del Baratillo. De ahí habría que partir.

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