AQUEL PAN BENDITO DE ISTRES

Se esperaba mucho de la Feria de Istres, y no falló a pesar de la tónica general de flojeza de las ganaderías propuestas. El viernes, el primer de los cartelazos anunciaba una corrida de Joselito (hierros de El Tajo y La Reina) con Enrique Ponce (que se presentaba en la plaza), Morante de la Puebla (que hacía doblete en la feria) y Juan Bautista, gran triunfador del año pasado. Plaza llena, público venido a pasarlo bien, maestros dispuestos, tales han sido los ingredientes de une tarde exquisita en que más se movieron los últimos toros, y sobre todo el tercero, el más completo del encierro.

Ponce: saludos al flojo primero y una oreja.

Morante: saludo y saludo (que hubiera sido una oreja de peso sin el fallo al descabello).

Juan Bautista: dos orejas y saludo al complicado sexto tras una faena intensa mal valorada.

El sábado, la corrida de La Quinta también faltó de fuerzas al llegar a la muleta, aunque los tres últimos se movieron un poco más.

Manuel Escribano, presente en todos los tercios: saludo (por matar mal) y dos orejas.

Paco Ureña, de vuelta a los ruedos tras su herida de Madrid: silencio y saludo.

Joselito Adame fuerte arrimón con el último: saludo (él también por matar mal) y dos orejas.

El domingo, el remate anunciado de la feria ocurrió con la vuelta de Joselito (tras once años alejado de los ruedos) y la alternativa de Cayetano Ortiz, siendo testigo Morante de la Puebla.

Y eso que empezó con varios extraños: Joselito haciendo el paseillo sin desmonterarse (aunque nunca había pisado de matador la plaza de Istres), y, aún más, Cayetano Ortiz matando un toro ¡ sin haber sido doctorado ! Lo que se ha hecho con el primer toro, cambiado por haberse estropeado un pitón en los chiqueros antes de salir. Tanto se tardó en sacarlo del ruedo que el presidente pidió que se matase.

Pero la tarde tenía que ser lo soñado, y lo fue gracias a cuatro toros de Garcigrande de enorme clase (hasta conseguir tapar su falta de fuerza compensando por una gran bravura, y casi, casi su pobreza « por delante »).

Morante de la Puebla topó con los dos ejemplares de menos opciones: violento el primero (saludo), manso el segundo, magistralmente manejado a tablas (1 oreja).

Cayetano Ortiz corrió el turno al cambiarse su toro de alternativa y se las entendió de maravillas con el bravo con que se doctoró. Templado y sereno, cortó una oreja, lo que no pudo ser por culpa de la espada con el sobrero que salió de sexto al que libró una faena maciza y de poderío.

Viene por fin la hora de hablar de Joselito.

Su primer toro, apenas picado (con mucha razón) le permitió bordar una faena de las pocas que se miman en el recuerdo (cuidando conservarlas sin perderse ni una migaja de aquel pan bendito).

Eliminando lo superfluo, muchas veces inútil arma del toreo ordinario, José Miguel Arroyo clavó

los pies en la arena, se sentó en los talones con su segundo toro (que presentaba más dificultades para repetir a compás) y, cuerpo relajado y mano baja, levantó al público que reclamó (y obtuvo) los máximos trofeos. (Total: 2 orejas y 2 orejas y rabo).

Aquella inimitable y entrañable sonrisa de Joselito cuando se siente feliz y orgulloso de lo cumplido, aquel público jaleando « ¡ Torero ! ¡ Torero ! », aquella plaza llena…

Hay días en que compadezco a los pobres antitaurinos…

fotos bruno lasnier

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