SAN ISIDRO 2014: DEL 3 AL 5 DE JUNIO

Feria de San Isidro. 3 de junio. Perera triunfa con los de Adolfo Martín

Cuando las figuras se enfrentan a los encastados saltillos de Victorino o de su sobrino Adolfo, son fieles a su concepto del toreo, los torean exactamente igual que si fueran de otras ganaderías más pastueñas. Así lo hicieron El Capea, Roberto Domínguez y José Antonio Campuzano. Y así lo ha hecho Miguel Ángel Perera.

El de Badajoz mostró quietud y mando con su primer “adolfo” y evidenció que quien fallaba era el toro. Pero con su segundo, un serio galán, con cerca de 600 kilos y muy armado, su toreo tuvo la virtud taumatúrgica de cambiar la condición de un toro que nadie había “visto” cuando llegó a la muleta. ¿Era mansurrón? En efecto, se defendía a partir del segundo muletazo ligado. Pero el diestro le presentó con autoridad la muleta, le tapó el mundo, lo augantó con verdad, lo embarcó con mando, lo llevó toreado siempre con la mano muy baja, y le consintió tarascadas finales sin dimitir de su sitio. Poco a poco, el aparente mansurrón se fue encelando en la muleta y la persiguió con humillación y ansia muy emotivas. Y resultó que era bravo.

La faena fue monumental, los muletazos, largos, templados, profundos y ceñidos. El valor estuvo al servicio del toreo. La verdad torera se convirtió en estilo de torear. Y Perera, su autor, salió de San Isidro convertido en primera figura.

Antonio Ferrera y Diego Urdiales estuvieron muy bien. Pero la gran faena de la tarde la hizo el triunfador que salió a hombros, una vez más, por la Puerta Grande.

Feria de San Isidro. 4 de junio. El toreo vence al toro y a las circunstancias

Era la corrida de Beneficencia que, como la de la Prensa, está incluida en la Feria. La presenciaba el Rey y la plaza estaba llena hasta la bandera. Los toros eran de Alcurrucén y los toreaban El Juli, Iván Fandiño y Alejandro Talavante. Y también estaban presentes las circunstancias. O sea, el 7. Naturalmente eran adversas.

Y se manifestaron de inmediato. Porque el primer toro era bravo, justo de fuerza y le correspondía a El Juli. Si le hubiera caído en suerte a otro torero no habría pasado nada. Pero, repito, como era bravo, el presidente antepuso el valor de la bravura sobre el defecto de su presunta fragilidad. Intolerable. Y como El Juli estuvo enorme y le hizo una gran faena, le concedió la oreja, pedida por toda la plaza excepto por el 7. Escándalo.

El quinto toro era fiero. No lo suficiente como para amedrentar a Fandiño. Y le cuajó una gallarda faena y lo mató de una gran estocada, de la que salió con la taleguilla rota, y toda la plaza, menos por el 7, reclamó la oreja, que el presidente concedió. Vergonzoso.

En la corrida se vio un buen toreo de capa, un gran quite por chicuelinas ligadas a tafalleras, a cargo de Fandiño, y otro por hondas verónicas, de marca juliana.

Talavante no quiso coles. Los toros le resultaron antipáticos. A mí también. Eran, menos el primero, mansos en el caballo y con genio en la muleta, siempre listos y exigentes. Y se los quitó de encima. Le comprendí.

Conclusión positiva: las observaciones técnicas hechas a los toreros por los voceros del 7 fueron ridículas y el público no se dejó influir. No hizo ni caso.

Feria de San Isidro. 5 de junio. Daniel Luque abre la Puerta Grande

Vayamos por partes. La corrida de Puerto de San Lorenzo fue, con la de Parladé, la mejor de la Feria. Más encastada la de “Domecq” y más enclasada la de “Atanasio”. Estos eran toros ordoñistas, para el toreo profundo. Empezó con mala suerte, porque el primero fue devuelto: un latigazo capotero de Padilla le rompió una mano. El toro rezumaba clase. Luego, todos sus hermanos fueron de triunfo. Lucieron los mejor lidiados, lo que comprende varas, brega y toreo de muleta.

No fueron los mejores los que le correspondieron a Daniel Luque. Porque a su primero, díscolo y calamocheador, lo fue atemperando a medida que lo imantaba a su muleta y logró que terminara embistiendo con hondura y celo. A su segundo, mansurrón y con menos vigor, lo acarició con un temple de cristal que le hizo embestir como bravo.

El toreo de muleta de Luque ha sido, con el de Perera y Talavante, lo mejor de la feria. Sus naturales al tercero fueron puros, hondos, arrastrados, irreales. Si hubiera matado a su primero de una estocada entera habría salido por la Puerta Grande con tres orejas. No importa, lo hizo con dos que supieron a tres.

Última y triste parte: a Padilla y a Cid se les fueron cuatro toros de triunfo. La excesiva prudencia no sirve para torear.

 

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