SAN ISIDRO 2014: DEL 6 AL 8 DE JUNIO

Feria de San Isidro. 6 de junio. El triunfo de una mansada

La corrida de Victorino Martín fue mansa. Sin paliativos. El primero se iba de los engaños con la cara alta. El segundo pasaba sin celo y con recelo, sin la menor entrega. El tercero, al segundo lance brincaba, volviéndose, sabiendo lo que dejaba atrás, arrepentido de haber embestido, lo que repitió en la muleta. El cuarto acudía al cite sin entrega y luego salía con la cara alta. El quinto fue un monumento a la mansedumbre agresiva. Y el sexto era un morucho (media casta) resabiado.

Pero triunfaron. Porque se movían fuera de las suertes y dentro de ellas se defendían con agresividad. Producían la emoción del toro manso de raza brava. No fue, como decían algunos aficionados al salir de la plaza, una corrida a la antigua. Era, símplemente, una corrida mansa con mucho genio. Y por si se ha olvidado, el genio es la agresividad defensiva de la mansedumbre y la casta es la agresividad ofensiva de la bravura. Un cero en afición al público de Madrid.

Los toreros se la quitaron de encima como pudieron. Y Ferrera, con una torería, esta vez sí a la antigua, que la gente reprobó. Alucinante.

Feria de San Isidro. 7 de junio. Buen nivel en la segunda fila

Cuatro portugueses y dos españoles componían el cartel de rejoneadores. Con dos algo más veteranos, Martín Burgos y Rui Fernandes, y cuatro más jóvenes, Mariano Rojo, Joâo Moura, Moura Caetano y Francisco Palha. Todos ofrecieron un buen nivel. Todos incurrieron en plantear el estilo de rejoneo impuesto por las figuras. Todos exhibieron la misma energía gestual. Y ninguno cortó oreja porque todos mataron mal. Les ayudó la corrida de María Guiomar Cortes de Moura, de encaste murubeño, brava y noble, que hubiera dado un rendimiento todavía mayor en otras manos. Destacó Francisco Palha, por la doma de sus monturas, por su manera de parar a los toros, por su contundencia y variedad en la ejecución de las suertes, hechas con pureza, y por su toreo a caballo en cites y salidas. Está preparado para alternar con las figuras.

Feria de San Isidro. 8 de junio. Positiva corrida de Miura

Fue un lote variado, con tres toros destacados: segundo, bravo, vibrante y sin clase; tercero, templado y noble; y cuarto, noble y fijo. El primero fue un “Miura” malo, y el sexto, un toro que apuntó y terminó defendiéndose por exceso de castigo. De hecho, la corrida fue demasiado picada unas veces y mal picada otras. Si no hubiera ostentado la divisa verdinegra, los toreros la habrían lidiado con más lógica. El quinto fue devuelto por inválido y lo sustituyó un morucho de Fidel San Román que no dio la menor opción.

Serafín Marín fue el diestro que más me gustó. Toreó con temple, muy despacio, a su primero, pero hostigado por los voceros del “estás fuera” y “ponte dentro”, algo realmente estúpido, pues cuando el catalán citaba más en línea el toro obedecía con mayor cadencia y longitud y los muletazos eran mejores. Y en el sexto, que llegó imposible a la muleta, mostró a la plaza su nula condición.

Rafaelillo y Javier Castaño no me dijeron nada. La cuadrilla de éste se llevó unas ovaciones exageradas. Entre los subalternos me gustó Curro Vivas, en la brega y en banderillas, y Fernando Sánchez, en varas.

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