JOAQUÍN GALDÓS, TRIUNFADOR

Al margen de lo que decida el jurado encargado de evaluar a los tres finalistas del vigésimo ciclo de novilladas de las Escuelas Taurinas Andaluzas, cosa que hará el próximo jueves en el programa de la televisión autonómica “La suerte está echada”, el novillero que rayó a más altura en la final, el que mostró tener más capacidad y el que, para mí, se alzó sin duda como triunfador de la tarde, fue el peruano Joaquín Galdós, alumno de la Escuela Taurina de Málaga.

No hay que dejarse llevar por los trofeos conseguidos –que lo harían empatar con el representante de la escuela de Camas, Jesús Álvarez, a tres orejas cortadas–, fundamentalmente por dos razones: el errático criterio presidencial al concederlos y, sobre todo, el distinto peso que tuvieron las orejas obtenidas por uno y otro.

Calificar de errático el criterio del señor Fernando Fernández-Figueroa, presidente del festejo, además de serlo oficialmente de la Real Maestranza de Sevilla, es hacerle un favor, pues lo suyo sería hablar de absoluta falta de criterio. Negar la segunda oreja a Álvarez en el primer novillo fue un disparate, y luego darle dos en el segundo, sólo se entiende si es por compensar; pero, al concederle otras dos –¿por qué?– a Aquilino Girón en el quinto, tiró por tierra cualquier posible justificación. Muy mal –y no sólo por eso– la presidencia.

El distinto peso de las orejas conseguidas por Álvarez y Galdós se justifica bajo dos criterios: el primero, el lote de novillos al que cada uno de ellos se enfrentó. La perita en dulce del encierro de Las Monjas fue el eral que abrió plaza, y el cuarto, aunque mansito, también tuvo calidad en sus embestidas. Jesús Álvarez se llevó, pues, el lote de la novillada. Por el contrario, el novillo más complicado y exigente se lo llevó el limeño Galdós y lo entendió a la perfección; mientras que el primero de los suyos, al que toreó de capa con un temple exquisito, también tuvo sus teclas que tocar.

El segundo criterio es el toreo que uno y otro desarrollaron. Estando bien los dos, la firmeza, la forma y el buen hacer de Joaquín, estuvo muy por encima de lo exhibido por Jesús, quien, insisto, también estuvo muy bien. Es posible que el limeño –hijo de matador de toros y nieto de ganadera de bravo– esté más toreado que sus compañeros de terna, pero lo que aquí se premia –o se debe premiar– es lo que se hace en la plaza, y en ese aspecto Galdós fue el indiscutible vencedor del certamen.

Sin embargo, por cuestiones ajenas al toreo y convenientes a la televisión, en vez de decidir el vencedor al término de la novillada, el veredicto se aplaza hasta el jueves 31 de julio. Ahora zumbarán las intrigas y los “razonamientos” de entre bambalinas para tratar de decantar la balanza al lado de uno o de otro, pues Aquilino Girón parece absolutamente descartado. Para mí no hay duda: el traje de luces y el capote de paseo debe ser para Joaquín Galdós y, como ya está anunciado con caballos en La Malagueta el próximo 17 de agosto, que el debut con picadores se lo den a Álvarez. Con eso, se premiaría también su esfuerzo como segundo –siempre como segundo– clasificado.

fotos bruno Lasnier

jgaldos1

jgaldos3

jgaldos4

Comments are closed