MIURA, EL FRACASO DEL TORISMO EN PAMPLONA

Un toro bueno, el sexto, que como era bravo parecía comercial; otro que medio embestía, el segundo, por lo que injustamente destacó; y cuatro moruchos de Miura, en línea con el juego de los de Dolores Aguirre y Adolfo Martín, que cerraron la feria de San Fermín. Total, un fracaso sin paliativos del torismo.

Lo malo del torismo es que aburre, provoca lidias tediosas, un toreo defensivo que aburre a las ovejas y deja sin argumentos a los más recalcitrantes apóstoles del toro manso con genio defensivo, en el mejor de lo casos, o del toro manso que sencillamente se para.

Menos mal que los toros comerciales, con similares encornaduras y volumen pero mucha más bravura, salvaron la feria porque su bravura dio lugar a grandes actuaciones toreras y muchas puertas grandes.

El verdadero torismo debería privilegiar las ganaderías que embisten, las bravas, y los toros con buenas hechuras. Lo demás es bobería y cuento chino.

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