PERERA, LA MEJOR MULETA DEL MUNDO.

Decía Manuel Capetillo que el temple era un pase, un paso. ¿Pero quién consigue que la embestida del toro se desplace sin reponer, sin apretar hacia adentro, sometiendo posibles hachazos o cambios de ritmo, larga, obediente, hasta la consumación del muletazo para que, después, el animal quede situado, cuadrado, en disposición de embistir exactamente con la primera vez?

La respuesta se dificulta si tenemos en cuenta los innumerables comportamientos del toro, sus infinitas y variables embestidas. ¿Por qué, entonces, a la muleta de Perera la obedecen tantos toros?

Mi explicación es la siguiente: Primero: porque pica poco a sus toros, facilitando su movilidad. De la corrección de la embestida es él quien se encarga. Segundo: porque coloca su cuerpo en el sitio que otros colocan la muleta. Tercero: porque tapa enseguida el mundo al toro: sólo ve el trapo que lo reta. Cuarto: porque tiene el valor inquebrantable de dejarle el engaño puesto entre pase y pase, sin temor a ningún arrepentimiento de la embestida y a su posible derrote. Y quinto: porque manda tanto en el cite, como en el embroque, a veces sutiles pero firmes toques durante el viaje, y porque su autoridad, inteligente, es igual de persuasiva en los remates.

Esta firmeza, esta autoridad permiten pensar al torero: estructurar faenas de deslumbrante argumento y profundizar los muletazos hasta lograr la mayor hondura. El toreo de Miguel Ángel Perera, con temple y plomada, deslizante y esculpido, ha hecho de Perera la mejor muleta del mundo.

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