HAY QUE CUIDARLA

La imagen del toreo hay que cuidarla. Es imprescindible cuidarla. Más en los tiempos que corren. Por eso hay que dar un tirón de orejas a Canal Plus y a la empresa de Carlos Zúñiga, que contribuyeron a arrojar una imagen lamentable en el tramo televisado de la feria de Gijón.

A la cadena de televisión hay que advertirle que todo no acaba con engañarnos a nosotros mismos llenando artificialmente la plaza con un público de figuración a precios especiales, para agravio de los abonados y de los aficionados que se “retrataron” en taquillas, como ocurrió en El Puerto el día de Ponce.

Hay que cuidar otros detalles, importantísimos a la hora de ofrecer un espectáculo taurino por televisión, escaparate a escala global que siempre debería ser trampolín y no sumidero de desdichas para la fiesta brava.

Por ejemplo, el ganado. Es inadmisible que en la novillada no se exigiera al empresario tener los dos sobreros reglamentarios a la hora de hacer el paseo –y aunque normativamente sólo se obligase a uno, la retransmisión televisiva hubiese requerido, si no de derecho, de hecho, esa exigencia. Y no vale el pretexto de que “no daba tiempo a traer otro”. ¿Cómo que no? ¿Cuántas horas transcurrieron desde que se produjo la inutilización del animal en los corrales hasta el inicio del festejo? ¿Cuánto tiempo se tarda en traer un novillo de Salamanca a Gijón, aunque fuera de otra ganadería?

Todo es aceptable menos que pase lo que ocurrió: el lamentable espectáculo de privar al público de un novillo, a un novillero –que para colmo lleva la empresa– de torear la mitad de su lote y dejar en todos los que veíamos la novillada por la pequeña pantalla la bochornosa sensación de estar asistiendo a una chapuza propia del taurineo más cutre.

Lamentable fue también la endeblez de la corrida de El Puerto de San Lorenzo, con los tres toros primeros impropios de una plaza de segunda categoría como es la de Gijón y, sobre todo, de una corrida televisada. Para colmo, a pesar de su nobleza, se pasaron la tarde inspirando más lástima, por su flojedad de remos, que otra cosa. No es esto lo que deberían ver los teleespectadores.

Tampoco se cuidó el asunto del ganado en el festejo mixto. No se puede echar en la misma corrida, dos toros con 580 y 600 kilos para el rejoneador, y traer para los espadas de a pie, astados con casi cien kilos menos. Da igual que fueran de encastes distintos, porque la comparación de volumen y peso es inevitable. Y no digo que hubiera que igualar por arriba, pero esos detalles deben ponderarse y no caer en tamaña asimetría.

Aunque el Reglamento no lo contemple, las corridas televisadas tienen una importancia especial y los cosos donde se dan adquieren categoría suprema dados los millones de espectadores que se asoman a ellos desde todos los continentes. Por eso, se le hace flaco favor al toreo si se incurre en errores como los padecidos en esta feria de la Virgen de Begoña. No está la cosa como para arrojar piedras sobre nuestro tejado. Ténganlo en cuenta, para lo que venga, tanto Canal Plus como los empresarios que se beneficien de las retransmisiones.

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