ARLES. FERIA DEL ARROZ: LA APUESTA DE JUAN BAUTISTA

La encerrona de Juan Bautista fue una apuesta que conllevaba muchos riesgos que el maestro ha superado de modo contundente. Según la importancia que cada cual va a elegir, consiguió llenar la plaza de Arles solo -cosa que pocos toreros peden pretender -, triunfó a lo grande, además enfrentándose con une selección de toros de presentación superior y de varios encastes (lo que le honra), con los cuales ha demostrado la largura de su toreo.

No se podía soñar mejor cumpleaños ya que celebraba sus quince años de alternativa con una generosidad a la cual se debe de responder relatando por lo menudo aquella tarde memorable.

El toro del Puerto de San Lorenzo que inició la corrida apareció frío de salida, como buen Lisardo que era, y demostró bravura con el caballo metiendo los riñones, a pesar de sus molestos cabezazos. Con la muleta, Juan Bautista dió la cara con buena presencia frente a un toro móvil, exigente, mal medido por el público en cuanto a fiereza y agresividad. La frialdad del respetable añadida a dos descabellos fallados le quitarán al maestro una oreja merecida.

Bonito gesto de elegir para su encerrona medirse con un ejemplar de Hubert Yonnet, el único ganadero francés que ha presentado corridas de toros en Madrid, Sevilla o Barcelona y recién fallecido el 24 de julio del 2014. Poco a decir del encuentro, salvo que poco claro de salida, frenando cabeza arriba al llegar al engaño, con querencia a tablas, saliendo solo del caballo, mirón con exceso, el de la finca de La Belugo le impuso a Juan Bautista una lidia rústica y potente mal rematada con tres entradas a matar.

Cambio de escena con el Murube de Niño de la Capea salido de tercero. Herrado de San Mateo, quedará poco castigado (a pesar de la caida del caballo) y banderilleado con energía por el maestro de Arles. Humillando desde el inicio de faena emprendido de rodillas por el peatón, va a permitir una faena serena, llevada rítmicamente, en la cual se han de destacar los naturales profundos y la estocada a recibir de conclusión. Dos orejas merecidas, y vuelta al toro que lo era menos teniendo en cuenta su sosería, compensada por la entrega del torero.

El pupilo de Adolfo Martín se lucirá con el caballo, Juan Bautista colocándolo cada vez más lejos para subrayar su calidad. Pero, como ocurre de vez en cuando con los toros de encaste Saltillo, su forma de humiliar en el engaño para volverse más rápido en los tobillos lo convirtió en un tris en « alimaña » que impuso al maestro una vuelta al toreo de oficio en una faena de mucho poder, desgraciadamente menos acertada con los aceros.

El cinqueño de La Quinta sale de modo cauteloso, digno de sus antepasados de Buendía, y sólo va a confiarse en el caballo. Pero llegará a la muleta sin emplearse, soso en su embestida, permitiéndole sin embargo a Juan Bautista de demostrar su técnica y de aprovechar lo poco que ofrecía el toro con mucha suavidad en el toque. Faena inteligente, de muchos recursos, concluida con una estocada y un descabello que descuelgan una legítima oreja.

El juampedro de Domingo Hernández salido al final es acogido por larga afarolada. Respondiendo a todos los cites, molestado por los numerosos protagonistas presentes en el ruedo, aparece complicado con el capote, antes que su gran fijeza asome con el caballo frente al cual se emplea con clase, así como en banderillas con las cuales Juan Bautista demuestra garbo y refinamiento. Muy móvil ante la muleta con que el torero arranca de rodillas, repite sin cansar a lo largo de una faena extensa de torero largo, verdadera procesión de excelentes tandas de derechazos, de naturales interminables y ligados, de cincelados cambios de mano, rematados con una estocada a recibir digna de ser enseñada en las escuelas.

Como broche de una tarde que quedará en las memorias, el público consigue el rabo. Vuelta a hombros, salida por la puerta grande, sonrisas en todos los rostros...

¿ Por qué pedir más?

goy10

Comments are closed