COLETAZOS MALAGUEÑOS

Lejos de agotar su discurso, la corrida cumbre de la feria de Málaga –la de José Tomás, pese a quien pese– le sigue generando a este cronista comentarios que estima de interés. En primer lugar, tirón de oreja a la empresa Cutiño. Es una estafa al público vender la primera fila de grada de sombra –a 60€ el pelotazo–, estando a la misma altura que las sillas colocadas en delantera de gradas y, por ello, siendo imposible desde la misma poder ver casi la mitad del ruedo, como me ocurrió a mí, que tuve casi que adivinar la suerte de varas y todo cuanto pasó en la zona de tablas debajo mía, metiendo los ojos entre el sobaco de uno, la cabeza de otro y haciendo mil virguerías para no perderme lo que sucedía en el ruedo.

Menos mal que José Tomás hizo sus faenas en los medios… No obstante, es inadmisible este desprecio al público.

Pepe Cutiño, cuya carrera ejemplar le ha llevado a gozar de un acrisolado prestigio como empresario serio, que me consta, no debería caer en esas desconsideraciones que sólo pueden llevar a echar al público de la plaza y al respeto de su persona. Por si acaso, ya lo saben: cuando en Málaga le den en taquillas una entrada de primera fila de gradas, no la cojan es un timo.

En segundo lugar, espero que el “mano a casco” entre un rejoneador y un torero haya quedado como anecdótico homenaje de la torería andante a Pablo Hermoso y no vuelva a repetirse más su sin sentido. La ecuestre y la pedestre son dos lidias tan distintas, tan opuestas en su base, que intercalarlas es tan absurdo como hacerlo con un partido de fútbol y otro de baloncesto.

Aunque no pintaron las rayas de picadores hasta que el rejoneador navarro hubo dado cuenta de su primer toro, menos mal que José Tomás, celoso guardián de las tradiciones, lejos de caer en “modernismos” absurdos, hizo el paseíllo como siempre los toreros de a pie cuando en el cartel figuraba un rejoneador: detrás de éste, y no a su lado. Y digo detrás y no delante, como pudieron creer los televidentes al ver las capciosas imágenes del último programa de Tendido Cero, que ningunearon a Pablo Hermoso y sacaron a José Tomás por delante de Manuel Manzanares que actuaba de sobresaliente.

Esto me lleva al tratamiento que ciertos francotiradores de la crítica han dado al triunfo incontestable de José Tomás. Imposibilitados de ponerlo mal so pena de caer en el ridículo más espantoso, han aprovechado la menor ocasión de pegar sibilinamente sus puyitas tratando siempre de restarle méritos a su actuación. El botafumeiro utilizado para el toreo embustero de Ponce y el de otros toreros que, con todo lo que valen, no consiguen llenar las plazas de espectadores, se vuelve ahora empeño por diluir lo extraordinario como si no lo fuera. Oyendo a Javier Hurtado, por ejemplo, pareciera que todos los que vamos a ver al de Galapagar somos tontos y que éste triunfa porque sus seguidores –no el público– le damos hechos sus éxitos. Otros continúan con la manida cantinela de “quejarse” porque José Tomás no compite con “las figuras”. ¿Existe alguien tan ciego que se crea esa patraña? Miedo, ¿de quién? ¿Acaso competir con su propia historia, con su leyenda, no es más duro y difícil que hacerlo con cualquier otra montera de las que hay en activo? Que lo haga o no es una cuestión de libertad, y José Tomás es el ser más libre que he conocido nunca. También eso molesta a quienes han renunciado a serlo, de la misma forma que la mediocridad reinante no soporta la  excepcionalidad de su figura. ¡Qué asco!

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