INFORMACIÓN Y MANIPULACIÓN

Asombra, al aficionado a los toros, el ingenuo entusiasmo con que los periodistas deportivos cubren las victorias, gestas y logros de los líderes del deporte. Tan hirviente hagiografía provocaría estupor, malestar, quizá el despido de un informador taurino si siguiera la misma pauta. Sospechoso, posiblemente venal, pensarían los mandarines del periodismo y, acostumbrado a lo contrario, el meritorio seguidor de las corridas en los medios de comunicación.

Hace poco, al mismo tiempo que los medios se desmelenaban lógicamente con las medallas conseguidas por la nadadora Mireia Belmonte en Berlín, o con la victoria del Atlético sobre el Madrid, lo que no era tan lógico pues el partido fue malo, en la prensa se trataba con prudente cautela, hasta con reparos, el estruendoso triunfo de José Tomás en Málaga. Daba asco leer la crónica de Antonio Lorca, en El País, cuyo título hacía referencia a las canas que adornan ahora la cabeza del torero, o la reseña televisiva de Tendido Cero, tan comedida y puntillosa que procuraba dudas sobre lo que de verdad había acontecido en el ruedo de La Malagueta.

¿Por qué minusvaloran los triunfos de la Fiesta gran parte de los periodistas taurinos y por qué las magnifican los deportivos? Se diría que los segundos forman parte del sistema en el mercado del deporte/espectáculo, pero sorprendentemente se puede afirmar lo mismo de los primeros, los informadores taurinos. Reacios ante el torero que llena las plazas, que vence a la crisis, que torea más puro y mejor que nadie, parecen ponerse al servicio de la mediocridad, de la Fiesta encerrada en un gueto, de las corridas baratas, de las plazas medio vacías, del toreo aproximativo que ellos alaban y no lleva a nadie a las plazas: o sea, del llamado “sistema”.

Pero yo no creo en la mano negra, ni en conspiraciones antitaurinas. Pienso que si el presidente de la plaza de Bilbao tapa, oculta y entibiece las importantes Corridas Generales de los últimos años con su incompetente rigor, es porque la Fiesta tiene mala suerte con este señor en Bilbao. Pienso que si el crítico de El País ve el toro y al torero como un atrabiliario esquimal es porque la Fiesta tiene mala suerte en este periódico. Y pienso que si hubo una crónica de alto nivel, la única, la que tradujo a palabras la cabal emoción que se vivió en Málaga, firmada por Álvaro Acevedo en La Razón, fue porque la dirección de este diario todavía no se ha puesto en línea.

Vivimos un curioso tiempo taurino: se canta al toro manso, se minusvalora al bravo, se pondera el toreo ventajista y se denigra o se desmitifica el toreo ceñido, ejecutado con verdad. No me extraña que la gente, desconcertada, vaya menos a las plazas, y tampoco me extraña que un genio como José Tomás se recluya en silencio y sólo toree tres corridas por temporada. Es un autoparado de lujo, un indignado automarginado del sistema, un millonario al que no importa el dinero. En fin, un hombre libre. Demasiado para que lo digiera la secta de mediocres que configura eso que llamamos “sistema”. Si no he perdido del todo la fe en el toreo es porque la gente, la sabia gente, sabe lo que quiere, digan los expertos lo que digan. Y se pone en marcha cada vez que este torero se anuncia.  No lo olviden ustedes: el toreo siempre ha sido cosa de rebeldes, en todos los estamentos de la Fiesta y, por supuesto, en su indomable público.

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