CON ZAPATO Y SIN ZAPATO

Terminó en Arnedo el ciclo de novilladas del Zapato de Oro. Quince novilleros pasaron por él. De ellos, dos destacaron muy por encima del resto: Ginés Marín –a la postre galardonado con el trofeo– y Andrés Roca Rey, el único que consiguió abrir la puerta grande del Arnedo Arena.

Ambos torearon el mismo día reses de Fernando Peña y ambos sobresalieron con mucho por encima de las condiciones de los novillos que les tocaron en suerte. Del peruano Roca Rey me impresionan fundamentalmente dos cosas: la facilidad con que concibe y ejecuta el toreo, aún en los lances más comprometidos –algo totalmente impropio en quien, próximo a cumplir los dieciocho años, debutó con caballos el pasado 1 de junio, en Captieux (Francia), llegando a Arnedo con tan solo nueve novilladas en su haber– y el valor que este chaval atesora.

Valor verdadero, no postizo. Valor templado y lleno de serenas cadencias. Valor para pensar con frialdad en la cara del toro y ejecutar con técnica y resuelta decisión todo lo que se propone. Valor a desprecio de volteretas, como las que le pegaron en Arnedo para que pudiera mostrar cómo su afición asume, resuelve y afronta riesgos, dolores y contratiempos; esto es, de la forma que siempre lo hicieron los toreros de bragueta: con firmeza y creciéndose ante el peligro.

Espero con mucho interés su presentación en Valencia –ya habrá toreado cuando esto se publique– y el mano a mano que tiene conmocionada a la afición limeña, para el próximo 25 de octubre, donde toreará con su compatriota Joaquín Galdós, otro que viene pegando.

En los diecisiete años de Ginés Marín, late la llama de lo extraordinario. Por encima de las cosas palpables, como el valor, la técnica, la inteligencia, el toreo cuenta con otros registros más secretos, más fugitivos, que se intuyen más que se aprecian, que deslumbran más que se ven. En ese terreno, empieza la magia, y algo de eso late en el toreo de Ginés Marín. Tiene el suyo ese “algo” indefinible que aroma todo lo que ejecuta y nos abre de pronto una ventana a lo excepcional. Reúne el muchacho múltiples cualidades que lo proyectan a un futuro halagüeño.

Yo no sé si será torero o no –el camino es largo, duro y lleno de avatares–, pero si cuaja, si es torero, va a serlo caro, muy caro. Seguro. En Arnedo toreó con temple y lo que es más importante… ¡con pureza! Le dio el pecho a los novillos, sobre todo con la zurda; alargó las embestidas a base de seda y mando, y cuando –como ocurrió en su segundo– el novillo echó la persiana, se montó encima de los pitones y lo hizo embestir a la fuerza, aunque el que realmente embistió fue el torero. Dejó el ambiente perfumado de toreo del bueno y con ese sabor seguiré esperanzado su actuación en la Feria del Pilar, donde habrá toreado dos días antes de que este artículo vea la luz.

Con zapato y sin zapato –los dos merecieron llevarse el premio–, apunten estos nombres, porque en la temporada venidera, por su talento, capacidad y afición, darán mucho que hablar. Y si no: tiempo al tiempo.

fotos bruno Lasnier

Gines Marin en mont de marsan y Roca Rey en Captieux

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