DE SEIS EN SEIS

Llegó octubre y se acumularon las “encerronas”. Primero fue Miguel Abellán con seis toros del Puerto de San Lorenzo en la Feria de Otoño de Madrid; después le siguió Daniel Luque enfrentándose a seis astados de distintas ganaderías, en la Feria del Pilar de Zaragoza, y, por último, Lama de Góngora, quien se midió con media docena de novillos de variado hierro en la Real Maestranza de Sevilla, poniendo broche, en beneficio de la Cruz Roja, a esta singular y conflictiva temporada sevillana.

Tres retos doblemente difíciles, pues a la dificultad que en sí conlleva anunciarse en solitario para lidiar y estoquear seis reses, se unía aquí la circunstancia de hacerlo en tres plazas de primera categoría. El triunfo estaba caro y bien que se encargaron los hechos de demostrarlo.

Lo más positivo de las tres tardes fue el denominador común de salir en todas ellas toros adecuados para el lucimiento. Destaquemos, el “Sospechoso” primero y sobre todo el tercero –“Burganero”– de los lidiados en Madrid; el “Tasador”, de Antonio Bañuelos, que abrió plaza en Zaragoza, seguido a distancia por los casi seis años del “Musiquero”, de Alcurrucén, corrido en tercer lugar, y por los 609 kilos de “Joyito”, del Puerto de San Lorenzo, que cerró corrida, y en Sevilla, fundamentalmente los del pial de Algarra –“Jaranero”, que hizo sexto, y “Lubinito”, como quinto bis– y el segundo, “Soplón”, de Fuente Ymbro.

Hubo pues material para el triunfo rotundo, pero en ninguna de las tres ocasiones se abrió la Puerta Grande. En el caso de Luque no fue su culpa, sino la arbitrariedad presidencial –que le robó literalmente la segunda oreja de “Tasador”– y la circunstancia de que en esta diáspora reglamentista que padecemos hace falta cortar dos orejas de un toro para salir a hombros en Zaragoza. No obstante, el de Gerena cortó tres y estuvo a muy buena altura hasta que se quedó sin gasolina cuando le faltaban dos toros, cosa que pagó el sexto, pues en otras circunstancias Luque lo habría cuajado con toda seguridad.

En Madrid, con un Abellán digno toda la tarde, la corrida tuvo dos partes. En la primera, pudo estar el triunfo, pero el desacierto con la espada en el tercero y tal vez el no emplearse con más rotundidad en el que abrió plaza –seguramente, pensando en dosificar el esfuerzo–, esfumaron el éxito soñado. Y en Sevilla, pese a la disposición de Lama, que llegó a irse tres veces a portagayola, la tarde pareció venirle grande y sólo la oreja cortada en sus dos últimos novillos maquilló un resultado que, de otra manera, hubiese sido negativo para él.

 De todas formas, encerrarse con seis astados requiere el dominio de un repertorio variado que se plasme en quites diferentes y en faenas con distintos registros. El tirar siempre de sota, caballo y rey no es admisible en este tipo de corridas. Los diestros que decidan afrontarlas deberían tenerlo muy en cuenta.

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