EL TESORO DE LA ISLA

El pasado viernes se presentó en Sevilla el programa de actos, que están teniendo lugar esta semana en Villamanrique de la Condesa –tierra natal del torero–, en conmemoración del centenario del nacimiento de Pascual Márquez, a quien, por haberse criado en las islas del Guadalquivir y ser su irrupción taurina todo un afortunado acontecimiento, los aficionados le pusieron “El tesoro de la isla”.

 Aquel jueves, 22 de octubre de 1914, con los cañones tronando por las tierras de Europa, nacía Pascualillo mientras en los mentideros de su pueblo se hablaba de la encerrona del domingo anterior en Valencia, donde Joselito había puesto broche triunfal a su temporada estoqueando seis astados de Contreras, y de la novillada de ese día en Sevilla –ocho novillos para ocho novilleros–, en la que se había proclamado rotundo triunfador –a hombros hasta su casa de Triana–, Manuel Álvarez, El Andaluz.

Precisamente, los novillos anunciados llevaban el hierro de Moreno Santamaría, ganadería de la que era mayoral el padre de Pascual y en cuya finca “La Marmoleja” hizo éste sus primeros pinitos como torero furtivo hasta que un día, un pañuelo de hierbas de su propiedad colgado en el pitón de un semental, delató sus fechorías y fue invitado a abandonar la finca.

No cambió, sin embargo, su apetencia de toro, así que, privado de su campo y su luna, lo buscó bajo el sol y en la plaza… de Sevilla, tirándose de espontáneo con méritos suficientes para que el empresario reparara en él y le brindara la oportunidad de vestir su primer traje de luces en la novillada con caballos que se anunciaba en La Maestranza para el 26 de mayo de 1935. El éxito alcanzado por Pascual –cuatro orejas– fue tan grande que desperezó la adormilada afición sevillana hasta lograr que la ilusión volviera a ocupar su puesto en el tendido. Su ascensión fue fulgurante: sumó siete paseíllos en Sevilla aquella temporada, y seis más en la siguiente hasta el comienzo de la guerra. Sus triunfos fueron incontestables siendo el primer novillero que cortó una pata en La Maestranza y el único en conseguir dos.

Dos años y un día después de su debut, tomaba –festividad del Corpus– la alternativa en Sevilla de manos de Fuentes Bejarano, en presencia de Domingo Ortega, pasaportando un corridón de toros de Pablo Romero, de cuyo trapío da cuenta el dato de que el astado de la ceremonia superó los 400 kilos en canal. Tarde de éxito, con cara y cruz para Pascual, que cortó las dos orejas del toro del doctorado y resultó herido en el otro. Fue como si en fecha tan señalada el destino hubiese querido resumir sus triunfales comienzos y el trágico sino que, a cuatro años vista –18 de mayo–, le esperaba en las astas del conchaysierra “Farolero”, que le partió el pecho una tarde desagradable y ventarrona en el ruedo de Las Ventas.

Fue Pascual un torero honrado, dominador, que aplicó sus aires y conocimientos camperos a la lidia de las reses. Unía a esto un valor extraordinario y su condición de brillante y recio muletero. Además, sin ser un estilista de la suerte suprema, era un matador fácil y seguro. Hoy, su pueblo rinde homenaje a su figura uniendo la añoranza de sus pasadas glorias a la esperanza paisana de José Solís, El Manriqueño, novillero que tiene ilusionada a la afición local.

Actos Villamanrique

 

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