EL TORO, UNA UTOPÍA HECHA REALIDAD

Hace unos días leí un interesante artículo de Stephane Foucart. Se titulaba “Lo que la condición animal debe a Internet”, y trataba, obviamente, sobre la penosa situación de la vida animal debido a la superproducción seriada de la actual industria agroalimentaria.

Al margen de la ristra de autores animalistas, vegetarianos y veganos que contradicen cómo ha sido la nutrición humana desde el principio de los tiempos, lo que aboca a una polémica excesivamente cargante; y más allá de la mención a libros que parecen defender para el animal un estatus de derechos igual a los humanos -uno de los libros, el de Franz-Olivier Giesbert se titula “El animal es una persona”-, que prometen ser insoportables, la tesis de la pequeña crónica resulta muy asumible.

El horror de la vida animal en las explotaciones intensivas es éticamente indefendible. De difícil solución, pues resulta acorde con la explosión demográfica y la proliferación de megalópolis y sus necesidades de abastecimiento alimentario… aunque un lento proceso de atomización en pequeñas explotaciones agropecuarias pueda imponerse en un lejano futuro si la conciencia ecológica continúa avanzando.

Pero lo más relevante del artículo de Foucart, y de gran interés para el conocimiento de los aficionados, es la referencia a una utópica demanda de la diputada ecologista Laurence Abeille, que suplica para los animales, nada más y nada menos, "condiciones de vida conformes a los imperativos biológicos de su especie", utopía que el toro bravo ha conseguido desde hace tres siglos. Según datos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, si se divide el número de hectáreas del habitat de cada explotación por el número de reses que alberga, el promedio de toda la Cabaña Brava otorga 1'2 hectáreas por cada cabeza de ganado. Si a ello se suma que la alimentación del bovino bravo es absolutamente natural y que su desarrollo físico en cuatro años le proporciona un peso similar al conseguido por un bovino de carne o de producción láctea en diez meses, podríamos aseverar que la utopía inalcanzable y deseada por la diputada Abeille es, para el toro, una realidad desde hace trescientos años. Curioso.

Comments are closed