COMPARACIONES 2014…1964

Próximo ya a doblar el año, vuelvo la vista medio siglo atrás y rememoro lo acontecido en aquella temporada de 1964; la primera completa de El Cordobés como matador de toros, la del rabo de Sevilla y su triunfal presentación –cornada incluida– en Madrid. Pienso que, con la precaución debida, no está de más comparar ciertos datos de entonces y ahora, pues siempre alguna luz se saca de los mismos.

Comencemos por el número de corridas celebradas. En 1964, fueron 482 –69 más que el año anterior, al revuelo de Manuel Benítez–, mientras que en éste que vivimos han sido 462 –10 menos que en 2013– las celebradas. Cifras parecidas, aunque con alrededor de quince millones de españoles más en la actualidad. En las novilladas picadas sí se aprecia el claro descenso con respecto a entonces. De las 510, de 1964, hemos pasado a las 275 del año actual; no obstante nos endulza el amargor saber que fueron 32 más que el pasado año.

El repóquer de ases que encabezó el escalafón superior en el 64 estuvo compuesto por El Viti (77corridas), Paco Camino (74), El Cordobés (72), Litri (68) y Pedrés (65), mientras que en esta temporada la han liderado Juan José Padilla (68), El Fandi (66), Iván Fandiño (51), Miguel Ángel Perera (46) y Sebastián Castella (42). Respecto al escalafón de novilleros, los cinco primeros de entonces fueron: El Monaguillo (73), El Pireo (62), José Fuentes (56), El Inclusero (54) y El Puri (49); mientras que ahora ocuparon la cabeza de su categoría: José Garrido (32), Borja Jiménez (31), David de Miranda (26), Filiberto Martínez (23) y Francisco José Espada (23). Nótese la diferencia de festejos toreados por aquellos novilleros respecto a los actuales. Sólo Andrés Torres, El Monaguillo, toreó más que Garrido y Borja juntos, y El Pireo, casi suma tanto como ellos, pese a tomar la alternativa aquel año. Del ambiente y popularidad que nimbaba a unos y a otros, mejor es no hablar.

Cuando volvemos la vista al panorama ganadero, sí nos entra cierta tristeza, pues la ganadería que más toros lidió entonces –104– fue la de Antonio Pérez de San Fernando –los célebres “AP”–, que hoy ha quedado en ganadería anecdótica, mientras que la de Atanasio Fernández, octava en el escalafón de ese año, pero que compartió el mayor porcentaje de bravura con la del marqués de Domecq, y que obtuvo en aquel San Isidro el premio al toro más bravo de la feria, hoy ya ni existe. Ese pódium de bravura es compartido en la actualidad por las divisas de Domingo Hernández-Garcigrande y Victoriano del Río, mientras que de las cuatro que acompañaron a la de Antonio Pérez en la cabeza de aquel escalafón; esto es: Juan Pedro Domecq (84), Fermín Bohórquez (69), Marqués de Domecq (68) y Manuel Arranz (66), ninguna figura en esos mismos lugares en la actualidad, ya que las cinco vacadas que más lidiaron este año fueron: Zalduendo (111), Núñez del Cuvillo (111), Fuente Ymbro (101), Alcurrucén (90) y Victoriano del Río (83), todas ellas muy posteriores, en antigüedad o en el encaste que actualmente tienen, a 1964.

Ha llovido mucho desde entonces, es verdad; pero las ilusiones retoñan, aunque la nostalgia también invada nuestra memoria recordando el anuncio de la vuelta de Antonio Ordóñez y Chamaco, o que El Pireo iba a llevar a la pantalla, junto a Arturo Fernández, una nueva versión de “Currito de la Cruz”. Ahora, la esperanza la tienen José Garrido, Ginés Marín y toda la savia nueva que sienta en sus entrañas el “hambre” del toreo; ese hambre de toros del que siempre se ha alimentado la Fiesta y nuestras esperanzas.

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