CORRIDA EN LA PLAZA DE MEXICO : TRES OREJAS DE BROMA Y UN INDULTO DE RISA

Si con un toro bravo no se está a su altura, la oreja, no solicitada por todos, es una broma presidencial, como sucedió en el primero de la tarde. Y si a un toro manso no se le hace nada –salvo matarle de una estocada-, otorgar dos orejas a su matador es una doble broma, como sucedió en el quinto. La corrida de Reyes Huerta ofreció dos toros bravos y bien presentados, primero y segundo, cuatro toros mansurrones, de poco trapío, los restantes, y un toro nobilísimo, apenas picado y muy bajo de raza, el sobrero.

En la muleta obedeció muy bien al Fandi, pero a mitad del largo trasteo se aburrió, salió de los pases con la cara alta, y luego pasaba por allí en vez de embestir. Pero he aquí que la gente solicitó el indulto, de broma, y el presidente lo concedió, de risa. Conclusión, los triunfos de Pizarro, El Zapata y El Fandi fueron falsos, de los que no sirven para nada.

Y de nada sirven tampoco a la Plaza México, enfilada cuesta abajo por un Palco presidencial ridículo, que la desprstigia una tarde tras otra. ¿Qué toreros, qué toros, qué aficionados vendrán a poner orden en este coso histórico, ahora con poco público y menos afición?

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