DOBLE RASERO

La creciente proliferación de actuaciones violentas del fanatismo animalista y antitaurino vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de exigir a las autoridades competentes un plan de actuaciones encaminadas a prevenir, sancionar y cortar de raíz los atropellos que, cada vez con mayor frecuencia, vienen protagonizando grupos radicales de abolicionistas contrarios a la tauromaquia.

La deriva hacia el matonismo fascista que están tomando las interrupciones de actos como la conferencia celebrada en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo, de Madrid, el pasado jueves, 4 de diciembre, que se saldó con un aficionado sexagenario –al que arrollaron empujándolo escaleras abajo– con fractura de la cabeza del húmero, la agresión a varios de los asistentes y el intento de boicot a la charla que sobre la “Simbología táurica hasta los albores del mundo antiguo” estaba dando la catedrática de Historia doña Yolanda Fernández, viene a reproducir lo ocurrido unos días antes en la inauguración del Curso de Periodismo Taurino en la Universidad Complutense de Madrid, cuando otro grupo de abolicionistas intentó reventar el acto.

La escalada de violencia y coacciones en las concentraciones y actuaciones antitaurinas encaminadas a impedir el ejercicio de libertad que supone asistir a cualquier manifestación de índole taurina es tan evidente como claros sus objetivos: adquirir protagonismo, intimidar a los aficionados y público asistente y generar tensiones, que, de no poner remedio los responsables del Ministerio dirigido por el opusino Fernández Díaz –adicto al crucifijo y a los golpes de… porra, contra la ciudadanía que ejerce su derecho de manifestación–, acabará más tarde o más temprano en tragedia. Y yo no puedo dejar de preguntarme si es preciso llegar a situaciones como la que acabaron con la vida del hincha del Deportivo de la Coruña en el transcurso de una reyerta entre ultras del Frente Atlético y del Riazor Blues, hace unas fechas, para que hipócritamente nos echemos las manos a la cabeza y aceleremos entonces las soluciones que debían haberse prevenido.

Infringir el derecho de reunión y alterar la seguridad ciudadana son delitos tipificados y de inmediata aplicación a los descerebrados que protagonizan intromisiones como la del CEU San Pablo. Sus métodos, no sólo copian los de la extrema derecha –recuérdese el boicot de miembros de la organización Liga Joven a un acto de Víctimas del Franquismo o a otro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, en la Universidad Autónoma de Madrid, o el del grupo de ultraderechistas que irrumpió en el que celebraba en favor de la Diada, la Generalitat de Catalunya en Madrid, o el del Ateneo de esta misma ciudad en favor del 9-N interrumpido por 28 fachas entre los que se encontraba el líder de Falange Española, por citar tan sólo los más recientes–, sino que se sienten tan arropados e impunes como ellos. Impunidad amparada por el silencio cómplice de los medios de comunicación que corren un tupido velo sobre las fechorías antitaurinas, como suelen ocultar el mundo cuando no se aviene a los intereses de sus Consejos de Administración. Ahí tienen como buque insignia al periódico digital “Público”, que se jacta de su antitaurinismo y lo lleva a cabo hasta el punto de no haber emitido una sola línea sobre el fallecimiento de Manzanares, cosa periodísticamente obligada al tratarse de un personaje de reconocida fama a nivel supranacional. Es el doble rasero de los que se llaman demócratas y no son sino serviles ecos de la voz de su amo.

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