PLAZA MÉXICO : DISPARAN PERO NO REMATAN

Tres jóvenes toreros mexicanos compusieron el último cartel de la Plaza México. No convocaron mucha gente, lo que me extrañó. Los tres explicaron mi asombro. Disparan –o sea, tienen valor y voluntad-, pero no rematan –es decir, no se entregan de verdad y no tienen suficiente voluntad de triunfo-. El ganadero de Xajay, Javier Sordo, les sirvió tres toros de triunfo –1º, 2º y 6º- a los que cortaron una oreja. Miento, al sexto le cortaron dos por obra y gracia del presidente. Y fueron las tres, la de Fermín Rivera, la de Mario Aguilar y la cabal de Arturo Saldivar, tres justos premios. Pero los toros eran de dos. De haber toreado para merecerlas de verdad, la plaza México se llenaría hasta la bandera la próxima vez que torearan. En el toreo no basta con estar bien, incluso a la altura de la calidad del toro; es preciso estar mejor, más de lo exigible, más de lo que pudieran esperar todos y cada uno de los espectadores.

Dicho esto, me gustó la fría seriedad de Rivera, los profundos naturales de Aguilar y el gran trazo de Saldivar con su último toro. ¿Qué pasó, entonces, si les adornaron dichas cualidades? Algo muy sencillo, dieron buenos muletazos pero no construyeron, no cuajaron faenas.

Hablemos de los toros, bien presentados, variados de capa, con equilibrada romana y diferentes hechuras. El primero y el segundo fueron bravos; el tercero, un mansurrón a la defensiva; el cuarto, un falso bravo que se movió pero no embistió y se rajó en cuanto lo torearon; el quinto, un barrabás que olía a cloroformo; y el sexto tenía un cortijo en cada pitón. En resumen, tres y tres. Enhorabuena al ganadero.

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