TEMPORADA PLAZA MÉXICO : MANSOS PARA TODOS LOS GUSTOS

La prestigiosa ganadería de La Punta, con sangre Parladé, desapareció hace mucho tiempo. Ahora ha reaparecido y lidia toros mexicanos, o sea Saltillos con toques de Llaguno, como casí todas las divisas aztecas. Los seis que envió a La México, desiguales de presentación y encornadura, fueron mansos. Los cuatro primeros, con tanta dulzura y tan poca acometividad, con tanta nobleza y tanta debilidad, que necesitaban toreros con más paciencia que Job. Insistieron y citaron en vano hasta el infinito y aburrieron a las ovejas. Pero los dos que cerraron plaza fundieron su mansedumbre con la fuerza. Y como tuvieron genio, calentaron al personal cuando la noche helaba los huesos de los pocos espectadores que, heroicos, fueron a la corrida y además tuvieron el detalle de no irse de la plaza una vez muerto el tercer toro. ¿Quién echa a la gente de las plazas? En México, la ingenua, inane, dulce y generalizada mansedumbre. No la mansedumbre del toro fuerte y con genio. Con ésta, Fabián Barba estuvo hecho un tío. Y emocionó. Todo lo contrario que Leandro, arrugado y pitado. El tercer espada, Alfredo Gutierrez, primero por antigüedad, pisó un terreno imposible al cuarto de la tarde, y se habría encumbrado de habérselo hecho un toro. Pero el mansito permitía eso y más. Lamentable.

¡Qué desastrosa temporada en La México! ¡Qué lógicos los vacíos aforos! ¡Qué triste estado de la ganadería brava!

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