LA MÉXICO: TRES NATURALES Y UN PASE DE PECHO DE MORANTE

Si las faenas no fueran tan largas, si los públicos no se hubieran acostumbrado a que los muletazos se amontonen en pilas infinitas, a Morante no le habrían pitado en la plaza México por abreviar su primer trasteo con un toro sin posibilidades, y los espectadsores se habrían guardado para siempre en su alma los tres naturales ligados a un pase de pecho sin enmienda, que fueron el hondón de su también larga pero inspirada faena al quinto de la tarde. Tal vez por eso, la cantidad inspirada de todo cuanto hizo a ese toro, un berrendo aparejado de Fernando de la Mora, cubrió la calidad purísima de esos tres naturales. Fueron, sin duda alguna, lo mejor, más puro, más torero de cuanto se ha visto en La México durante muchos años. Y la manera de ligarlos al de pecho, con los pies clavados en el suelo y la muleta obligando a la embestida a hacer un “ocho”, e incluso ganando un paso en el momento de meter el toro la cara en el engaño, resultó algo tan torero, tan perfecto, tan difícil, que rara vez un aficionado puede verlo a lo largo de su vida. A este toro, Morante lo mató de un perfecto volapié, y lo remató con la puntilla porque no humillaba. Genial. El presidente, un necio, le negó la oreja. Pero sí se la dio a Zotoluco por una faena inteligente, aburrida y bien rematada al primero de la tarde. Y no se la pudo dar a Diego Silveti, que se enfrentó al mejor lote, porque no sabe matar.

La corrida de Fernando de la Mora, desrazadita, era desigual de presentación. A veces parecía una novillada.

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