CONTRALUZ DE FALLAS

Salieron los carteles falleros. Del toreo a pie, siete corridas de toros, dos novilladas picadas y otra sin caballos, componen el ciclo. De los matadores de toros, y bajo el prisma de lo que interesa a la Fiesta, pasa un poco lo de siempre: hay nombres que sobran, otros que faltan y el grueso de la cartelería compuesto por quienes se han ganado con creces el derecho a estar. Bajo el mismo criterio de las necesidades del toreo, hay que congratularse de que la Empresa haya decidido dar dos novilladas picadas, a mi entender con buena visión de futuro, porque, afortunadamente, contamos ahora mismo con un plantel de novilleros ilusionante y es preciso aprovechar la circunstancia a ver si los chavales son capaces de volver a meter al público en la plaza en este tipo de festejos, manantial y vivero de lo que el toreo será mañana.

No miento si les digo que mi mayor interés de las Fallas se centra precisamente en las novilladas; con tres nombres que acaparan mi atención: Ginés Marín, Varea y el debutante mexicano Leo Valadez, que me dejó muy grata impresión en el ciclo de novilladas sin caballos “Soy novillero”. Será interesante ver cómo se desenvuelve en su presentación con los del castoreño; además, me ha llamado la atención que lo hayan incluido en el ciclo a ultimísima hora, pues, si los carteles se hicieron públicos el viernes, hasta el jueves por la noche –como adelantaba David Casas en su programa El kikirikí–, era Ginés Marín –haciendo doblete en el ciclo– quien ocupaba el puesto que al final se ha quedado el mexicano.

Prefiero creer que el motivo de cambio tan sumarísimo estuviera en una sugerencia urgente del grupo de Baillères y no en las declaraciones de Gonzalo Caballero en el mencionado programa televisivo, cuando puso el dedo en la llaga de uno de los males que viene padeciendo la Fiesta desde hace mucho, como es el “intercambio de cromos”. Tampoco sé si la fórmula tiene sentido aplicársela a las novilladas de Valencia, pero al chaval de Torrejón –presentado por David Casas como el novillero más injustamente tratado– le asistía la razón de la queja teniendo en cuenta la escasa repercusión de sus orejas cortadas en Madrid o incluso la salida a hombros de Pamplona, que le valió para no volver al año siguiente bajo el falaz argumento de no repetir a los novilleros triunfadores, lo cual se rebate con una simple consulta de hemeroteca. Esperemos, pues, que impere la cordura, que se hagan cargo de las razones del muchacho y no le pasen factura quienes se sientan “ofendidos”.

Agraviado, en su caso, puede sentirse Andrés Roca Rey, por haberlo dejado fuera de Fallas después de que el pasado año cortara tres orejas en la matinal sin caballos del mismo ciclo y volviera a tocar pelo en octubre, ya con los del castoreño detrás, mientras que sus compañeros de terna, Expósito y Varea, se fueron de vacío.

Y agraviado con toda la razón del mundo debe sentirse Fernando Cuadri por el trato recibido de la empresa valenciana, que unilateralmente decidió pasar la corrida del ganadero huelvano de Fallas a la Feria de Julio sin ni siquiera consultar con él. Fernando, cuya sencillez no le impide velar por sus derechos y demandar el respeto que merece como ganadero, resolvió en consecuencia tomar la única postura digna que le dejaban: retirar su corrida para Valencia. De este modo, por culpa de la arbitrariedad de la Empresa, la afición valenciana se quedará sin ver los toros de Cuadri ni en Fallas ni en julio. Una lástima, después del triunfo de la divisa tricolor en la pasada Feria de San Jaime.

Sopesando estas actuaciones empresariales que, como en este último caso, incurren en la descortesía y lindan con lo caciquil, no puede uno dejar de darle la razón a Gonzalo Caballero en su denuncia de los chalaneos que proliferan entre bambalinas; chalaneos que han demostrado que dos orejas cortadas y un encierro notable con un toro de vuelta al ruedo como “Trastero”, sólo valen para desplazar de Fallas a Rafaelillo –el torero que las cortó– y al hierro de Cuadri, principales damnificados de las intrigas y chanchullos puestos al servicio de “invisibles” intereses particulares.

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