LA CARA DE ÁLVARO LORENZO Y LA CRUZ DE MARTIN ESCUDERO

En la plaza de Vistalegre (Madrid) se anunció un mano a mano entre dos novilleros prometedores: Martín Escudero y Álvaro Lorenzo. La afición respondió y, además, los precios eran populares. Yo calculé unos nueve mil espectadores. Hasta aquí, todo bien. Menos encomiable fue que cada novillero llevara sus toros, porque el duelo se tornó desigual. Al de Galapagar le correspondieron tres alimañas y al toledano tres dijes. O sea, tres ratas rabiosas de la desconocida ganadería de Guadajira y tres bravos novillos de Domingo Hernández. Inexplicable si se tiene en cuenta que López Caparrós, apoderado de Martín Escudero, organizaba el espectáculo, y explicable si se subraya que la casa Lozano apodera a Álvaro Lorenzo.

Pero ni el menor reproche se puede hacer a este último, un novillero excepcional, que toreó de maravilla con el capote -excelsas verónicas y chicuelinas con el campás abierto, deliciosos remates- y con la muleta -extraordinarias series de naturales y redondos y bellísimos pases de pecho-. En efecto, estuvo muy por encima de sus boyantes novillos. Con el estoque es otro cantar: mató rápido pero mal. Excusable: ya aprenderá. Cortó cinco merecidas orejas. Aquí hay torero, y de los caros.

Martín Escudero se dejó crudos en varas a sus tres geniudos enemigos. Honradez y torpeza. Con la muleta aguantó gañafones, hachazos, botes y rebotes. Una pena, tan antipáticos mimbres para un novillero tan prometedor. Mató bien y cortó dos orejitas. Hay que verle con mejor ganado.

Conclusión para Álvaro Lorenzo: cuando las cosas se hacen bien pueden salir bien. Pero a Lorenzo le salieron mucho mejor de lo previsto, incluso con el buen lote que sorteó.

Conclusión para Martín Ecudero: cuando las cosas se hacen mal suelen salir peor. Pero Martín tuvo el mérito de estar por encima de sus infames oponentes.

Última observación: la música, en el cubierto coso de Vistalegre, sonaba tan fuerte que inhibía los oles del público. La comunicación entre el ruedo y el tendido fue mucho mayor cuando la banda paraba y sólo se oían los oles acompañando la música callada del toreo.

fotos Bruno Lasnier (Samadet 2014)

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