VÍCTOR BARRIO, TRIUNFADOR DE VALDEMORILLO

Valdemorillo, un pueblo serrano de la provincia de Madrid, celebra la primera feria de la temporada. El ciclo tiene interés porque reune a los aficionados de toda la comarca y una buena minoría de capitalinos. De modo que cuanto en ella suceda de bueno tiene consecuencias en el primer tramo de la campaña. Y buenas son las expectativas que se le abren a Víctor Barrio, diestro segoviano que se apagó tras su alternativa en Las Ventas y que este primer domingo de febrero ha dado una gran tarde de toros.

Así, como suena: toreo grande, personalidad, valor y un ánimo artístico muy despierto que le condujeron a protagonizar dos lidias muy brillantes, con capote y muleta. Su primera faena tuvo mérito porque el toro, desrazado y peligroso, no quería embestir y Víctor sacó toda el agua que tenía aquel pozo tan seco. Pero su segundo toro, de Cebada Gago, como todos sus hermanos, sí embistió. No con absoluta entrega, pero metió la cara gracias al mando, a la entrega y al templado pulso del torero. Cortó tres orejas y lo mejor fue que nos regaló, ¡por fin!, una faena completa, de las que ya casi no se ven, torera de cabo a rabo, estructurada con cabeza e interpretada con muletazos de gran pureza. Puso la plaza al rojo vivo.

Víctor Barrio, que triunfó de novillero en esta plaza, inicia en ella ahora un prometedor camino como matador de toros. Al tiempo.

El resto de la corrida gaditana fue decepcionante. Falta de raza, no permitió el lucimiento, salvo el quinto toro, un dije por sus hechuras. Pero aunque rebosaba clase y alegría, le faltó fondo. Su bravura se consumió en un mediocre y largo tercio de banderillas. De los dos toreros que completaban el cartel, Paulita. Frente a un lote imposible, y Manuel Escribano, voluntarioso, poco hay que decir.

Martín Escudero, un novillero ilusionante

La feria se abrió con una novillada de Albarreal, completada con dos novillos de Juan Pedro Domecq. Los primeros fueron mansos, flojos y descastados. Los de la divisa ducal bravos. Sobre todo el primero, que correspondió a Borja Jiménez. Le cortó una oreja, pero debería haberle cortado dos. Del novillero que abrió plaza no me acuerdo ya ni del nombre.

Sin embargo, me llamó mucho la atención Martín Escudero, sobrino del ganadero Adolfo Martín. Le ví con mucho sitio, valor del bueno, gran trazo y un sorprendente sentido del toreo. Se mira en un espejo muy peligroso, José Tomás. Pero no desmerece. Está anunciado el día 21 en Vistalegre. Habrá que ir a verle.

A los toros sin casta no se los puede torear

La segunda corrida de la feria era de José Luis Pereda. Presentó seis cómodos toretes. Pero tenían menos casta que un gorrión. Con ellos se las vieron tres buenos espadas, Curro Díaz, Eduardo Gallo y Arturo Saldivar. Demasiado cuajados, demasiado diestros para aquellas para aquellas hermanitas de la caridad. Conclusión: la gente se aburrió, incluso cuando Gallo toreaba tan bien a su primero, un inocente bovino.

Última conclusión: Alegrémonos, hemos visto a un gran torero, Víctor Barrio, y a un prometedor novillero, Martín Escudero. Pero preocupémonos: de los 18 ejemplares lidiados ni uno solo tuvo la raza encastada que debe pedírsele a un toro bravo.

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