FERIA DE OLIVENZA 2015 : DOS NOVILLEROS

Entre los siete novilleros que han pisado el ruedo de Olivenza, dos me harán viajar este año: Ginés Marín y Pablo Aguado. El primero, de Badajoz, y el segundo, de Sevilla. El pacense me ha recordado al joven Paco Camino. Por su inteligencia, su sentido innato del toreo y por la fluida gracia del vuelo de sus engaños. El sevillano podría ser una mezcla de Pepín Martín Vázquez y Manolo Cortés. ¿Soy excesivo? No, pero sí soñador. Y soñar es lo que el aficionado debe exigir a los novilleros. O sea, que vea en ellos valores toreros y estéticos poco habituales, incluso entre los diestros de la primera fila. Y eso, exactamente eso, es lo que he visto, entrevisto, o soñado, con los dos jóvenes espadas.

Marín está más cuajado. Pero tiene un defecto: después de hacer una faena recomienza y hace otra, de modo que banaliza, por exceso, el buen toreo de la primera. Aguado acaba de debutar con picadores, y el aficionado se pregunta si el templado y elegante toreo que atesora encontrará pronto el oficio necesario para imponérselo a novillos más complicados y ofensivos. ¿Su ventaja? No le hacen falta más de quince muletazos para poner una gran plaza bocabajo.

Me siento injusto por no nombrar a Posada de Maravillas, que hizo un toreo prodigioso a un novillo noble y de clase excepcional. Pero su segundo utrero fue bravo y se vino abajo. ¿Debería referirme al resto de los novilleros, quienes además triunfaron? Sinceramente, no. Amontonaron muchos pases y me dijeron más bien poco.

Los novillos de Talavante y El Juli, ideales, los utreros exactos para tomar el pulso a los novilleros a principios de temporada.

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