PONTONX : UNA LECCION DE TOREO

Varios eran los objetivos de este fin de semana taurino en Pontonx-sur-L’Adour, en la periferia de Dax. El primero de ellos era reinaugurar esta preciosa placita construida en los años 30, hoy cubierta y que puede acoger todo tipo de espectáculos. El segundo, al tratarse de un certamen ideado por el matador Juan Leal, que chavales de distintas escuelas se expresasen y compitiesen entre ellos. Y el tercero, aunque el orden pudiera ser otro, que los aficionados y aspirantes a toreros disfrutasen con maestros en un festival.

Y este aspecto fue todo un éxito, con un protagonista destacado: El Fundi. ¡Que magisterio! ¡Que clase! Al novillo áspero de Astolfi, que habría  resultado en otras manos una prenda, lo acogió con suavidad, con calma, dándole su distancia y enseñándole a embestir ya con el capote. Su toreo de muleta fue muy íntimo, de maestro que no tiene nada ya que de demostrar pero probablemente si que compartir. Subyugante, con ese poso que da la solera y que convierte al toreo en algo grande. Hubo naturales exquisitos y su manera de colocar al toro, de andarle, preparándolo para la muerte fue deslumbrante, al igual que el espadazo fulminante con que lo reventó. Al Fundi, siempre da gusto verlo.

También disfrutamos con Juan Mora, que no tuvo esa contundencia, pero si pasajes de toreo con mucho sabor y con reminiscencias de otra época. Poco que recordar del maestro Pepe Luis Vázquez, tan solo algún pase de pecho con cierto aroma. Juan Leal estuvo muy valiente, entregado, y la espada le privó de triunfo.

Dos novilleros estaban invitados: el colombiano Andrés Manrique, para rendirle homenaje a la lucha por los toros en Bogotá, al que le tocó en suerte el mejor novillo ante el que estuvo algo insulso; Louis Husson, de Dax, dejó vislumbrar un buen corte pero escasa técnica para expresarlo.

En cuanto al concurso, que lleva por nombre “La Fragua”, fue muy interesante en su concepto, con quince chavales de diferentes escuelas y regiones europeas del toro. En conjunto, pese a la calidad del ganado, de las vaquillas de Albarreal y de los excelentes erales de Manolo González, no generaron ni entusiasmo ni pasión.

El vencedor fue Iván González, de la escuela taurina de Salamanca, al que se le vio capacidad pero resultó muy frío. El portugués Juan Silva tuva mas chispa, mas alegría, pero empezó a amontonar los pases y se perdió. Al igual que el francés Adrien Salenc, de la Fundación El Juli, muy mimético con respecto a su maestro, y al que no todavía no le ha aflorado su propia personalidad. El que mas me gustó fue Alfonso Cadaval, de Sevilla, con un toreo cadencioso tanto de capote como de muleta. Fue el que toreó mas despacio y con mayor sentimiento, con un cierto parecido en su concepto a Diego Urdiales. Sin embargo el jurado no le retuvo para la final.

Señalemos que también tuvieron lugar coloquios y exposiciones en los aledaños de la plaza.

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