SEVILLA, CARTELES

Un dicho del toreo afirma que una cosa es torear y otra pegar pases. En esta misma línea, yo diría que una cosa es confeccionar una feria y otra hacer carteles. Tanto el toreo como la organización ferial, para que sean tales, deben tener una estructura, una coherencia, un sentido; de lo contrario, en vez de una faena, se tendrá un conjunto de pases, y en lugar de una feria, un paquete de corridas.

A la vista de la cartelería oficiosa –que no oficial– de la Feria de Sevilla, me temo que la Empresa de La Maestranza ha perdido una nueva ocasión de confeccionar una verdadera feria y, además, interesante. Autoexcluido el póquer de figuras que podían darle enjundia, la empresa Pagés tenía la opción de diseñar un ciclo proyectado al futuro, a los toreros jóvenes que están en buen momento y a otros no tan jóvenes, pero que están inéditos en Sevilla pudiendo ser toreros muy del gusto de la afición hispalense.

Sin embargo, los empresarios hicieron gala una vez más de falta de afición optando por el conservadurismo con nombres más que gastados o de escaso interés y cargando el peso del serial sobre las espaldas de un Manzanares al que se le ha querido premiar su condición de “buen chico” anunciándolo nada menos que cuatro tardes. Esperemos que el favor no se le atragante y en vez de tirar del carro, sea el carro quien lo arrastre al precipicio. Pero, además, no cabe hablar tanto del momento delicado de la Fiesta, de que hay que arrimar el hombro para sacarla adelante, e incurrir en el error de volver a ocupar puestos con diestros como Espartaco, Ponce, Finito, Francisco Rivera, Dávila Miura, Luis Bolívar, etc. Manzanares con dos corridas hubiese estado muy bien. Ponce, El Cid, Luque, Ferrera y Escribano, con una iban servidos y, a mi modo de ver, Finito, Francisco Rivera, Bolívar y algún otro podrían perfectamente haberse quedado fuera de la Feria.

Como el que no quiere la cosa, con tal reducción estaríamos hablando de diez puestos vacantes, que muy bien hubiesen podido ocupar Diego Urdiales –incomprensiblemente excluido una vez más de los carteles abrileños–, Víctor Barrio, Román, Jiménez Fortes, Rafael Cerro, entre otros; nombres que hubiesen prestado frescura e interés a los carteles, acompañando esa triple cesión de trastos –que yo hubiese convertido en cuatro con la alternativa de Gonzalo Caballero–, y que habrían puesto la feria de proa al porvenir y no al pasado como se ha hecho.

Si también tenemos en cuenta que, en la semana de farolillos, se repiten diez nombres de la del pasado año y que, salvo las incorporaciones a la misma de Pepe Moral y José Garrido, las otras tres –Finito, Francisco Rivera y Dávila Miura– poco aportan de interés a la misma, no será de extrañar encontrarnos de nuevo con  demasiado ladrillo al aire en esas fechas.

Es una lástima, pero así no hay solución. Y luego hablan de los mexicanos… ¡como si vienen los chinos!, pero a La Maestranza, a Sevilla y al toreo le está haciendo falta un cambio de rumbo de lo más radical. El tiempo de los parches está más que concluido.

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