EL PESO DE LAS OREJAS

La presente Feria de Sevilla ha registrado el hecho insólito de ver cortar oreja en sus cuatro primeras corridas de toros. Tan insólito es el suceso que hemos de remontarnos cuarenta años atrás –hasta la  feria de 1975– para encontrarnos con una efeméride semejante.

 Si en aquel lejano abril, fueron los matadores Rafael Torres –de un Guardiola–, Ángel Teruel –de un Ibarra–, Ruiz Miguel –que cortó una y una a su lote del marqués de Domecq– y José Luis Parada y Antonio José Galán –a oreja por coleta de reses de Martín Berrocal–, los agraciados, en esta de ahora, el cuadro de trofeos lo componen Joselito Adame, que inauguró el marcador cortando la oreja del jabonero “Muñeco”, de Cayetano Muñoz; Antonio Nazaré, que paseó la del castaño y Fuente Ymbro, “Turulato”; Pepe Moral, que hizo lo propio con el también castaño “Insumiso”, de Montalvo, y José María Manzanares, que obtuvo una de cada uno de los astados de su lote: el burraco “Cóndor” y el negro “Distante”, pertenecientes ambos a la divisa de Victoriano del Río.

Cinco toros, pues, que fueron arrastrados en el presente ciclo abrileño sin uno de sus apéndices auriculares. Sin embargo, aunque la aritmética iguala numéricamente lo conseguido ante cada burel, la enjundia de cada trofeo dista mucho de ser la misma en cada caso. Por ejemplo, las conseguidas por Manzanares son etéreas, prestas a volar en el viento del olvido, pues más que a faenas de mérito, se debieron a la contundencia de su estoque y a ese afán de Sevilla por premiar al hijo pródigo que volvió al redil, desmarcándose del resto de figuras advenedizas, capaces de afrentar a la ciudad del Betis manteniendo la palabra dada de no volver a torear en La Maestranza mientras siga en manos de la misma empresa.

Corta en parte también se me queda la de Antonio Nazaré, si tenemos en cuenta la calidad del astado que tenía delante: el toro más sobresaliente de una corrida notable, a la que difícilmente le quitarán el premio a la mejor de la feria. Vaya en descargo del torero, la apreciación de lo poco que torea y lo difícil que es estar a la altura de un toro tan importante con dicho hándicap. No obstante, en el frío y descarnado resumen del evento, puede oírse decir: el toro era de dos y Nazaré sólo le cortó una.

Más meritoria fue la actuación del mexicano Adame, con un toro al que yo no vi tan bueno como, al parecer, fue para otros. Metía bien la cara, pero buscaba salir de la suerte pegando un gañafón por arriba. Creo que Adame lo entendió muy bien, aunque, a mi juicio, se fue por la espada demasiado pronto.

La oreja de más peso, la más auténtica, la más cabal, de las obtenidas en estas cuatro corridas del ciclo –las celebradas cuando escribo estas líneas–, fue sin lugar a dudas la conseguida por Pepe Moral. No sólo por los pasajes de alta calidad que tuvo su faena, sino por conseguirla de un toro que en los dos primeros tercios no dejó entrever posibilidad alguna de lucimiento, y más en una tarde soporífera donde la flojedad y mansedumbre del ganado de Montalvo diluyó cualquier atisbo de esperanza. Sin embargo, Moral la tuvo y desde el principio apostó por extraer del burel salmantino todo lo que éste llevara dentro. Hubo tandas magníficas de temple y dominio, y los pases de pecho fueron auténticos carteles de toros; porque Pepe moral tiene garbo y apostura en su figura, y finura y elegancia en el trazo. Finalizó su obra pegándose un arrimón en toda regla y se fue como una vela tras de la espada al hilo de las tablas. La suya, como ya he dicho, ha sido la oreja de más peso y categoría de las cortadas hasta ahora. Esperemos que Manolo Cortés, su apoderado, la haga valer y le sirva al diestro para seguir brindando buen toreo en otras plazas donde aún no le conocen.

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