LA DESMESURA

Hubo un tiempo no tan lejano en que venir al suroeste francés y verse anunciado en plazas como Garlin, Mugron o la de hoy desparecida Saint-Perdon, era una garantía para los novilleros de enfrentarse a las mejores ganaderías, con novillos en el tipo de la casa, escogidos con esmero y que contribuían a la formación de los chavales. No parece ser ya el caso hoy. Como prueba de ello la novillada de Mugron de este año por Pascuas, donde estaba anunciado uno de los novilleros mas esperados, Pablo Aguado. La de Baltasar Ibán fue una tía, y Pablo no pudo hacer ni decir nada porque fue demasiado, acaba apenas de debutar con picadores.

Algo parecido a lo sucedido este último fin de semana en Garlin donde algunos ya se vanagloriaban de antemano porque se iban a lidiar novillos de 500 kilos. Lo que mandó Pedraza de Yeltes no se asemejaba para nada a lo que se solía ver por esta plaza. Por su trapio, su presentación, fue mas une corrida de toros que una novillada. No tenían la edad, pero con esas hechuras habrían pasado sin ningún problema como corrida de toros en la mayoría de las grandes plazas de Francia.

No hay que desnaturalizar el espectáculo, una novillada ha de ser una novillada. A fuerza de buscar mas volumen, mas cuernos, no se contribuye ni a la formación de los novilleros, porque ellos necesitan ese tipo novillo en esa categoría de plaza para evolucionar, ni al espectáculo. Es verdad que hay emoción pero también hay un problema ético. ¿Que justifica que se “eche a los leones” a unos chavales inexperimentados en un pequeño pueblo?

Cada cosa tiene su sitio y su momento, en los toros como en todo.

El venezolano “Colombo” se presentaba con picadores en Europa: honesto, valeroso, no se le pudo realmente apreciar como torero. El salmantino Alejandro Marcos se vio a menudo desbordado, pese a algunas tentativas, esbozos, le faltó desgraciadamente técnica para hacerle frente a lo que se le echaba encima. En cuanto al peruano Joaquín Galdós se formó en la Fundación de El Juli y su apoderado es el que fuera su maestro: Angel Gómez Escorial. Se pudo enseguida constatar que sus bases eran sólidas y aunque haya debutado con picadores en agosto pasado, se le vio con sitio y firme. Supo hacerle frente a un lote muy encastado, y aunque no pudimos disfrutar del buen toreo que parece atesorar, se le vio raza. Cortó una merecida oreja en su primero y dos al segundo, la segunda excesivo. A este último novillo, con un pitón derecho terrorífico y astifino, con el que prendió a Galdós, por fortuna sin consecuencias, se le concedió la vuelta al ruedo. Quiero señalar que estas reflexiones tras la novillada de Pedraza de Yeltes no serán probablemente compartidas por muchos aficionados del suroeste. El público presente se entusiasmó con la presentación del ganado, su comportamiento, sus tres varas por toro y esas fieras y repetidas embestidas en la muleta. Personalmente, me daba ganas de verlos en otras manos y en otro lugar. El problema es que hoy a fuerza de poner el listón cada dia mas alto va a ser cada vez mas difícil volver atrás y también les planteará problemas a los organizadores y a los ganaderos a los que se les exigirá que el novillo tenga el trapío de un toro.

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