MADRID : GRAN FAENA DE VICTOR BARRIO Y BUENA TARDE DE EUGENIO DE MORA

El sexto toro, cornalón, grandullón (596 kilos) y altísimo, era manso de solemnidad y tenía poca raza, como todos sus hermanos. Le sentaron bien las tres varas que le dieron. Pero a la muleta llegó sin que se le adivinara la menor opción. No lo vio así Víctor Barrio, que lo encerró en tablas (el único terreno donde podría embestir), y a fuerza de cruzarse y citarle muy en corto, lo enceló en breves tandas, de muletazos muy bajos e intensos y le hizo una faena de valor e inteligencia deslumbrantes. Lo mató de una estocada casi entera y dos descabellos, por lo que el presidente le negó una oreja meritísima muy solicitada. ¡Estúpida presidencia!

Los dos toros más bajos, más cornalones y de mayor trapío le correspondieron a Eugenio de Mora. Al primero, manso y encastado, le atacó mediante un trasteo de mucha entrega; y a su segundo, noble y bajo de raza, le dejó respirar entre tanda y tanda y le dio mucha distancia para provocar inercia en sus involuntarias embestidas. A éste le cortó una oreja y en el otro fue ovacionado.

El lote de Pepe Moral fue el peor, el más desigual. Su primero no tenía trapío y su segundo era una galafate, cornalón, feísimo de pitones y tan grande como un armario. Además, uno era inválido de físico y el otro de bravura. A los dos los mató mediante dos estocadas extraordinarias. Mala suerte y buen hacer.

Se lidiaron tres toros de Martín Lorca y tres de Escribano Martín, su socio. O sea, todos pertenecían a una misma ganadería que por lo visto tiene dos hierros. Como quiera que fuese (tal vez desbarató el encierro el equipo veterinario de Las Ventas y los de Escribano fueran sustitutos), aquello resultó un saldo impresentable.

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