MADRID Y ZARAGOZA: LAS NOVILLADAS SIN INFORMACIÓN PREVIA

La inflación informativa del fútbol sustenta, al menos en un 50 por ciento, su capacidad de convocatoria. En todos los medios, tanto audiovisuales como escritos. Incluída la rediotelevisión pública española. Por ejemplo, en Radio Nacional, hay una microespacio informativo cada hora. Y en el Canal 1 de TVE, la información deportiva (léase, fútbol) ocupa casi un 30 por ciento de todos sus telediarios.

Con la fiesta de toros, que por lo visto se ha convertido en un espectáculo políticamente incorrecto, sucede todo lo contrario. El vacío. Un silencio que ha demostrado ser la mejor arma del antitaurino. Y respecto a las novilladas, peor. No se informa ni a priori ni a posteriori. Así se explica que, por ejemplo, el pasado domingo en Madrid, una ciudad con más de tres millones de personas, la plaza de Las Ventas no alcanzara ni los tres mil espectadores; y en Zaragoza, donde actuaban mano a mano Marín y Varea, que eran los triunfadores de la temporada pasada, apenas se cubrió un cuarto de plaza. ¿Hay falta de afición o ausencia de información?

Sin embargo en Madrid –de Zaragoza no puedo hablarles porque no estuve- se presenció un suceso extraordinario. La revelación de un novillero extraordinario, el peruano Roca Rey. Estuvo magistral y valiente. Llenó plaza gracias a la variedad e intensidad de su toreo. Tiene un trazo espléndido y la mente despejada. Supo poner vibración a la falta de emoción de su primero. Y con su segundo, un sobrero de José María López (origen Torrestrella), de una bravura seca y vigorosa y con un trapío musculoso, adornado con unos pitones muy astifinos, consumó una actuación en la que hubo emoción, cogidas y buen toreo. Un suceso taurino. Lástima que no se entere nadie. Si hubiera información, los aficionados sabrían que el domingo fue una fiesta peruana en Europa, con el triunfo de Roca-Rey en Madrid y de Galdos en Garlin (Francia). En otros tiempos, no hace mucho, ya estarían los aficionados –entonces puntualmente informados- reclamándolos en todas las plazas.

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