SEVILLA 2015 : EL TORO ENTRE LA BRAVURA Y LA FUERZA

Es curioso que todas las plazas del mundo puedan contratar a las figuras del toreo, y Sevilla no. Pero no quiero entrar ahora en este charco del que, dicho sea de paso, no entra periodista alguno. Hablaré, pues, del toro que se ha lidiado en la Maestranza, de la mala suerte que ha solido tener en el sorteo de matadores y, también, de aquellos toros que tuvieron la poca fortuna que merecían.

En la Feria de Abril se ha lidiado una corrida excepcional, la de Núñez del Cuvillo, bravísima y, por tanto, noble; vigorosa y, en consecuencia, con un fondo que la hizo embestir en los tres tercios; bien presentada, de bella estampa y ofensivas defensas. Tuvo la desgracia de que la lidiaran un Rivera Ordóñez que, por lo visto, ha reaparecido para tirar líneas; un joven matador, David Galván, al que le vino grande; y un Manzanares que dio muletazos y lances muy buenos, pero que no estuvo a la altura de sus dos toros.

Victorino Martín lidió una corrida encastada, con dos toros bravos, a uno Antonio Ferrera le hizo la faena de la feria, y con el otro Manuel Escribano estuvo valeroso y, curioso, instrascendente.

La corrida de Fuente Ymbro, enrazada, ofreció un toro estelar, con el que Antonio Nazaré dio buenos muletazos. Hubo otros dos notables que revelaron el techo de sus dos matadores.

Los míticos “miuras”, que celebraban 75 corridas ininterrumpidas en el coso maestrante, ofreció dos toros de nota, uno listo en bravo y otro noble, que permitieron el triunfo de Escribano. Y otro muy exigente, al que Dávila-Miura propinó la estocada de la feria.

La corrida de El Pilar fue desigual. Hubo un toro bravo que obedeció las órdenes de un Finito de Córdoba inspiradísimo; dos muy difíciles, con los que Manzanares estuvo muy importante; y otros dos que por su falta de bravura y raza impidieron triunfar a un Daniel Luque muy torero.

Los demás encierros, Cayetano Muñoz, Montalvo, Victoriano del Río, Parladé, Jandilla y Torrestrella, ofrecieron animales con intenciones de embestir e incapacidad de hacerlo por culpa, unas veces de su falta de fuerza y, casi siempre, por falta de casta. Salvo uno de Torrestrella, que se le fue a Pepe Moral, y otro de Jandilla que le permitió triunfar a Padilla, su mediocre aportación consistió en nadar entre dos aguas, la debilidad y la falta de raza, defectos que las figuras hubieran podido salvar en bastantes ocasiones.

Conclusión: o Sevilla se reencuentra con los grandes toreros o su feria se precipitará al abismo. ¿Un ejemplo? La gran actuación de Castella con un lote deplorable de Parladé

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