AGUASCALIENTES : EL MISTERIO DE JOSÉ TOMÁS

Fue una apoteosis anunciada, previsible, inevitable, algo poco taurino, pues la corrida de toros está rodeada de incertidumbre, sobre todo de una previa incertidumbre. Y sin embargo, las cosas se habían planeado sin trampa ni cartón. Porque los tres toros de Los Encinos y los tres de Fernando de la Mora eran toros con toda la barba, por edad, trapío, romana y astifinos pitones, o sea los padres de todos los que se habían lidiado en la Feria de Aguascalientes.

Además, los tres que correspondieron a José Tomás tuvieron la virtud, por la diferente condición de cada uno, de exigirle una amplia paleta técnica y estética. El primero puso a prueba su valor y aguante; el segundo, su temple y mando; y el tercero, su poderío.  Con los tres  exhibió un magistral sentido del tempo y del temple, una inspiración desbordante, divertida, estimulada por las diferentes embestidas. A los tres los toreó de capa, con diferentes suertes, a los tres les impuso deslumbrantes faenas de muleta,  a dos  los mató de una estacada y al otro de un gran pinchazo y una estocada sin puntilla.

La borrachera de toreo, ebria y lúcida, fue desbordante. La comunión entre el torero y el público, absoluta. La consagración de José Tomás como rey del toreo, incuestionable.

¿Por qué un torero que torea una vez al año manifiesta la forma de un torero en plena vorágine de actuaciones? ¿Por qué un torero que apenas torea tiene más fuerza  taquillera que todos los demás? ¿Por qué un torero que no se anuncia, que no sale en los medios de comunicación llena las plazas y atrae a espectadores de todos los puntos del planeta? Ése es el misterio de José Tomás, un enigma todavía no descifrado.

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