DISYUNTIVA PORTUENSE

El pasado domingo se celebró en El Puerto de Santa María la tradicional corrida de feria. De obligado cumplimiento en el pliego de arrendamiento, históricamente ha sido un festejo deficitario, aunque nunca con tan escasísimo público como en esta edición. Era penoso ver el aspecto desolador de la plaza: el sol prácticamente vacío y la sombra con un tercio de ocupación, contando los invitados de AFANAS, en cuyo beneficio se daba el festejo, el IMSERSO y los desplazados de El Bosque y San Fernando que vinieron a ver a sus respectivos toreros. Verdaderamente lamentable el desértico aspecto del coso y, ante él, imposible de evitar el revoloteo de una pregunta obsesiva: ¿será ésta visión una premonición del futuro próximo de la Fiesta?… ¡Qué pena!

El festejo –una corrida concurso de ganaderías para una terna de matadores formada por Manuel Escribano, Pérez Mota y David Galván– y su insignificante poder de convocatoria nos obliga a plantearnos una disyuntiva ineludible: o la corrida de feria debe ser suprimida tajantemente del pliego de condiciones, o la Empresa que la organice tiene que cambiar radicalmente su forma de promocionarla. Si, como es el presente caso, los toreros son desconocidos para el gran público, obligación del empresario es darlos a conocer hasta en el último rincón de El Puerto y de las poblaciones donde dichos toreros cuentan con la base de sus seguidores. Y particularmente en el recinto ferial. Antes de la corrida, paseé por él y no me encontré con un sólo cartel anunciador del espectáculo ni nada que hiciera referencia al mismo. ¿Tanto cuesta llenar el ferial de azafatas que promocionen la corrida y “recuerden” a los feriantes que hay toros en El Puerto? Además, si uno de los problemas más graves es sacar de las casetas a los aficionados portuenses para ir a los toros, pónganselo fácil. Lléguense a acuerdos con el Ayuntamiento –el propietario de la plaza que exige la celebración de la corrida– y establézcase un servicio de autobuses gratis que, una hora antes del comienzo de la corrida, por ejemplo, traslade a los feriantes hasta el coso taurino, y al término del festejo los devuelva a la feria de igual forma.

Desde luego, la “salvación” existencial y económica de dicho festejo pasa por darle muchas vueltas a la cabeza como solían hacer aquellos empresarios de antaño capaces de crear un ambiente taurino en el entorno más desfavorable. Contaban para ello con dos virtudes inestimables: ingenio y afición. Las “marcas” las creaban ellos en la mayoría de los casos. Siempre recordaré la visión comercial de don Pedro Balañá, aquel emblemático empresario de las plazas Monumental y Las Arenas, de Barcelona, al que bastaba que un novillero debutante cortara una oreja para que –con el pensamiento de repetirlo– esa misma noche se lo llevara a cenar con él a distintos restaurantes estratégicos de la sociedad barcelonesa –en uno se comían los entremeses; en otro, el primer plato, y en un tercero, el plato restante y los postres–, y en todos lo presentaba y lo daba a conocer, de forma que cuando regresaban de aquella original forma de cenar, al novillero lo conocía toda la crema social de la Ciudad Condal. O aquel otro fenómeno de la inventiva taurina que fue don Francisco Casado –el celebérrimo Fatigón–, que metía la gente en la plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda, incentivando a base de regalos –desde una plancha eléctrica a un dormitorio completo incluyendo además una bonita mantelería, dos mil reales, una máquina de coser, etc., así hasta veinte obsequios–, que sorteaba en el transcurso de la novillada entre los poseedores de una entrada.

Fórmulas hay miles, y de distinto cuño, pero el empresariado actual anda demasiado encorsetado con las reglas del márquetin importadas de la globalización capitalista. Y así anda, repitiendo “marcas” por muy caducadas que estén, mientras desaprovecha ocasiones de gente válida y desconocida que, postergada por el modelo imperante, acaba por aburrirse y quedarse en su casa. Al final, lo paga la Fiesta y los que nos hundimos viendo una desolación como la del domingo en El Puerto.

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