DEL LADO DEL CORAZÓN

En estas fechas que andamos en España ojo avizor escudriñando el novedoso panorama municipal surgido de la constitución de los nuevos Ayuntamientos, por aquello de prevenir por dónde nos puede venir algún derrote del sector antitaurino, la solidaridad del toreo hacia aquellos que lo necesitan ha prodigado su generosidad.

Si el 31 de mayo, era El Juli quien se encerraba con seis toros en solitario en la plaza de Cáceres a beneficio de la investigación del cáncer infantil, tres días después, este mismo diestro mano a mano con Miguel Ángel Perera toreaba en Madrid la corrida de Beneficencia. Y el pasado domingo, mientras en Parla, Manuel Díaz, El Cordobés, llenaba la plaza a beneficio de la Federación Española de Bancos de Alimentos, Albacete abarrotaba los tendidos de su coso para ver a Ponce, Perera y Cayetano torear para esa asociación española sin ánimo de lucro que trabaja en favor de las personas con discapacidad psíquica, llamada ASPRONA.

No acaba aquí la cosa, pues para el próximo sábado, 20 de junio, Las Rozas anuncia la encerrona del novillero Martín Escudero con seis astados de distintas ganaderías, a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer, en lo que supondrá su despedida del escalafón en que milita, antes de tomar la alternativa una semana después en Soria.

Tal acumulación de festejos benéficos no obedece a ninguna campaña orquestada para resaltar el espíritu quijotesco que hacia el necesitado suele mostrar la gente del toro. Es, simplemente, una coincidencia que no viene sino a poner de manifiesto ese talante solidario que el toreo ha tenido desde su nacimiento. Piénsese que la llamada Corrida de Beneficencia de Madrid viene celebrándose anualmente desde 1856, y la de ASPRONA cumplía este año su cuadragésima tercera edición. Pero establecer la relación existente entre el toreo y la beneficencia pública, nos llevaría a remontarnos a los propios orígenes de la fiesta brava, ya que las corridas fueron desde un principio una fuente de recaudar fondos para los hospitales y otras instituciones benéficas. Tan lucrativa resultó esta fuente de ingresos que, tanto la Junta de Hospitales de la capital, como el Hospital Provincial de Valencia, obtuvieron del rey Fernando VI el monopolio para la celebración de las corridas en sus circunscripciones, privilegio del que costó trabajo liberarse después.

Tan sensible ha sido siempre el toreo a las desgracias y necesidades ajenas que, siguiendo la pista de las corridas benéficas a lo largo del tiempo, podríamos reconstruir la historia de los principales problemas sociales que ha padecido nuestro país bien fuera por catástrofes naturales, bien por razones de Estado o por cualquier otra causa. Bastaría conocer los destinatarios de los beneficios para arrojar luz sobre los problemas de cada momento histórico. Por ejemplo, por estas fechas –11 de junio– de hace ciento veinte años, se celebraba en Madrid la corrida a beneficio del “Reina Regente”, un crucero de la armada que había partido tres meses antes de Cádiz con destino a Tánger y que naufragó en el viaje de vuelta llevándose consigo a sus 420 tripulantes.

A beneficio de sus familiares, organizó el conde de Peñalver –entonces alcalde de Madrid– una corrida extraordinaria de diez toros, que fueron cedidos gratuitamente por los respectivos ganaderos, para los diestros Mazzantini, Jarana, Reverte, Bombita (Emilio) y Lesaca; aunque al final, los beneficios fueron repartidos entre los familiares damnificados del naufragio, los de los soldados que peleaban en Cuba y la de los que lo hacían en Mindanao. He aquí tres frentes abiertos de aquel momento histórico español –Marruecos, Cuba y Filipinas–, que quedan perfectamente reflejados a través de la filantropía taurina.

Sírvenos también esta corrida para poner de manifiesto el precio que pueden llegar a pagar los toreros en aras de su generosidad, pues a Antonio Reverte –diestro en la cúspide de su fama y triunfador del festejo– fue cogido al entrar a matar a su primer toro sufriendo dos colapsos que lo tuvieron al borde de la muerte.

Sin embargo, así es el toreo: volcado siempre del lado del corazón; aunque esto no sean capaces de apreciarlo los que dicen hablar en nombre del toro de lidia y sólo contribuyen a su extinción.

Comments are closed