EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN TORERA

Asistimos actualmente a un envejecimiento significativo de los matadores de toros. Envejecimiento profesional se entiende, esto es: de su edad taurina, no de la biológica. No sé si fue a José Luis Lozano al que escuché decir que “hoy los toreros quieren durar más que un notario”, y a fe que esa evidencia a sangre fría que son las cifras viene a darle plenamente la razón.

Tomando los datos que aparecen en el último número de 6TOROS6, correspondiente al 23 de junio, compruebo los años de alternativa de los diestros que ocupan los 25 primeros puestos del escalafón y confecciono la siguiente lista, donde detrás del nombre de cada torero aparece el número de años de alternativa que habrá cumplido o cumplirá a lo largo de éste. Hela aquí: El Fandi (15 años de alternativa); Castella (15); Morante (18); Talavante (9); Manzanares (12); Ponce (25); El Juli (17); Perera (11); Padilla (21); Juan Bautista (16); Escribano (11); Francisco Rivera (20); Fandiño (10); Abellán (17); Luque (8); Finito (24); Curro Díaz (18); Ferrera (18); Ureña (9); Morenito de Aranda (10); Castaño (14); Eugenio de Mora (18); Pepe Moral (6); Rafaelillo (19), y El Cid (15). Esto arroja un promedio de 14,32 años de alternativa por coleta.

¿Mucho, poco?... Evidentemente, parece demasiado; pero para no entrar en especulaciones gratuitas, comparemos la lista anterior con la que arrojan los 25 primeros matadores de toros de 1965; esto es: de hace medio siglo, según los datos tomados de la revista El Burladero, aparecida el 30 de junio de aquel año. Veámosla: Manuel Benítez, El Cordobés (2 años de alternativa); Camino (6); Ostos (9); Puerta (7); El Viti (4); Murillo (8); El Pireo (0); Hernando (3); Chamaco (9); Curro Romero (6); Aparicio (15); Montilla (3); Zurito (1); José Fuentes (0); Bernadó (9); Manuel Amador (1); Miguelín (7); Joselito Huerta (10); Curro Girón (9); Paco Corpas (9); Luis Segura (7); Carlos Corbacho (3);Bienvenida (23); Andrés Vázquez (3), y Efraín Girón (2). El promedio en este caso es de 6,24 años de alternativa por coleta. Menos de la mitad que los de ahora.

Aclaremos que los toreros que aparecen en ésta con 0 años de alternativa es porque la habían tomado en ese mismo 1965 y que diestros con 8 o más años de doctorado, como Murillo, o Chamaco –que ya se había retirado y reaparecido aquel año– o Aparicio –otro reaparecido–, o Bernadó, ya se consideraban veteranos de los que abrían carteles casi todas las tardes. Hoy, repasamos la lista actual y nos encontramos con que, quitando a Pepe Moral (6), Luque (8), Ureña y Talavante (9), el resto ha cumplido ya la década como matadores de toros. Y todos, salvo el primero de los cuatro, serían considerados como veteranos hace medio siglo.

De este envejecimiento, se sacan dos consecuencias inmediatas: la primera es que los toreros emergentes no consiguen meter su nombre en los carteles. El caso más llamativo y bochornoso para los empresarios y “productores” es el de José Garrido, que el pasado año hizo méritos suficientes como novillero para haber colocado su nombre en la cartelería de las principales ferias. Sin embargo, se opta por las “novedades” de Finito, Fran Rivera, Cayetano y otros comparsas incapaces de aportar nada nuevo ni positivo a la Fiesta. La segunda es que, con o sin televisión, a fuerza de torear tanto tiempo están todos demasiado vistos y por eso no consiguen llenar las plazas ni de cuatro en cuatro.

La pregunta fundamental es clara: ¿por qué los toreros duran hoy más que ayer? ¿Son más valientes acaso?... No lo creo en absoluto. Si pienso en el valor de un Cordobés, un Puerta, un Chamaco, un Viti, etc., dudo mucho que los más valientes de hoy, que los hay y mucho, superasen a los de entonces. La respuesta a la cuestión, para mí es evidente: la causa es el toro. El toro era el que antes echaba a los toreros; el que hacía que un día llegaran al hotel, arrojaran la chaquetilla en un rincón diciéndose para sus adentros: “¡no me la pongo más!”, porque no podían seguir pasando el miedo que aquel toro les metía en el cuerpo.

Era un toro más chico, más joven que el de hoy; pero costaba más trabajo estar delante suya porque tenía otra casta y otro empuje. El de hoy, mucho más uniforme de comportamiento, tal vez exija más conocimientos técnicos que valor para enfrentarse a él; por eso, los toreros suelen tardar tanto en comenzar a descollar. Si un quince por ciento de toros salieran con la casta y dificultades de aquel encastado parladé con el que Garrido se jugó el pellejo en el cierre de su doctorado maestrante, el escalafón se rejuvenecía casi de inmediato. Eso y el sistema, que como no cambie convertirá el escalafón de matadores en un funcionariado vitalicio. ¿O no es así?

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