UNA ODIOSA (Y NECESARIA) COMPARACIÓN

Habitualmente escribo desde la provincia de Cádiz; concretamente, desde Sanlúcar de Barrameda, tal vez la población que ha dado más matadores de toros por metro cuadrado de toda la Península Ibérica. Una de esas veces que me asalta la nostalgia, rememoro la situación del toreo en las tierras de Cádiz hace ahora sobre medio siglo y no tengo más remedio que concluir lo mucho que se ha perdido en lo que a toreros se refiere –no ocurre lo mismo en lo que atañe a las ganaderías– con el paso del tiempo.

Si echamos una mirada a la primera mitad de los años sesenta, comprobamos que en casi todos los pueblos con raigambre taurina había un torero con tirón para desplazar a muchos centenares de seguidores a verle. Así, en La Línea de la Concepción, estaba Carlos Corbacho; en Algeciras, Miguelín; en Chiclana, Emilio Oliva; en Puerto Real, Mondeño; en Cádiz capital, Paco Herrera; en Jerez, Luis Parra, Jerezano, y Paula; en Barbate, Paquirri; en San Fernando, Rafael Ortega y, luego, Ruiz Miguel, y en Sanlúcar, Limeño.

¿Qué queda de todo eso actualmente?… únicamente el veterano pundonor de Juan José Padilla, en Jerez, y la savia nueva de David Galván, en San Fernando, y de Pérez Mota, en El Bosque. Es cierto que hay muchos matadores luchando por abrirse paso; entre ellos, Antonio Caro Gil; el portuense Alejandro Morilla; los sanluqueños Ángel Romero y Antonio José Blanco, etc., pero nada que pueda compararse con aquel esplendor provincial de entonces.

 Lo peor del caso es que no sólo Cádiz es la que sale mal parada al establecer este tipo de comparaciones, sino Andalucía entera. Además de los mencionados, ¿qué matadores andaluces figuran en el escalafón toreando en plazas de cierta enjundia? Por ejemplo, de Sevilla, ¿quiénes están? Pues Morante, Manuel Escribano, Daniel Luque, Pepe Moral y El Cid. Diminuta es la cosa al lado de la categoría del plantel que había entonces, comandado por Paco Camino, Diego Puerta, Jaime Ostos y Curro Romero. Si hablamos de Córdoba, ahí estaban Manuel Benítez, El Cordobés, Palmeño, José María Montilla, El Pireo, Zurito y Pedrín Benjumea. En Málaga, Antonio Ordóñez –¿he dicho algo?– y Manolo Segura. En Granada, Manolo Carra y Curro Montenegro. En Huelva, nada menos que Litri y Chamaco, y en la jienense Linares, José Fuentes y Palomo (Curro Vázquez vendría algo más tarde).

El hoy sale perdiendo con el ayer, y aunque es cierto que las comparaciones son odiosas, es preciso establecerlas de vez en cuando para tratar de sacar consecuencias. Hay una clara: en lo que a promoción de nuevos toreros se refiere, algo está fallando en Andalucía. Ya existen más diestros importantes nacidos de Despeñaperros arriba y en Extremadura que donde siempre estuvo el cetro de la tauromaquia, desde aquellos tiempos románticos en que se lo disputaban Ronda, Sevilla y Chiclana.

No sé lo que habrá que hacer para solventar el problema; pero al menos hay que tomar conciencia del mismo para ir tratando de ponerle remedio. Otra no queda.

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