LA PARADOJA DE VALLADOLID

Valladolid es una ciudad paradójica. Apoya a los toros y sin embargo va poco a la plaza. El sábado 11 de septiembre cerca de 10 000 personas, según la prensa local, desfilaron para defender la fiesta nacional y de alguna manera también la libertad. Manifestación impresionante que tuvo lugar sin incidentes hasta la plaza de toros, encabezada por Victorino hijo. Sin embargo por la tarde no se llegó a cubrir el tercio del aforo, pese a que durante doce años esta ganadería no hubiese pisado este albero: tres veces menos de espectadores que de manifestantes. El cartel contaba además con un torero de la tierra, Joselillo, cuya entrega fue premiada con una salida a hombros (oreja y oreja), El Cid a quién le sonrió de nuevo la fortuna y cortó dos orejas, mientras que a Manuel Escribano le tocaba un lote imposible. Los Victorinos estuvieron bien presentados, apagándose pronto y permitiendo bastante poco.

No se llenó nunca la plaza. Los cartelazos del 9, 10 y 11 con Ponce, Perera, Juli, Manzanares (dos tardes), Castella y Morante permitieron cubrir entre dos terceras y tres cuartas partes del aforo de un coso que festeja su 125 aniversario. Lo que prueba el talante “torerista” de esta afición. Y aquí, como en todas partes, se cuentan las perras y se desplaza uno para ver a las figuras, acogidas con un punto excesivo de triunfalismo. 8 toreros salieron a hombros de los cuatro festejos propuestos: El Fandi el primer dia, José Garrido y El Juli al siguiente, Manzanares, Castella y Morante el tercero, Joselillo y El Cid el cuarto.

Los amantes del toreo alcanzaron el Nirvana el viernes, cuando ante a una corrida muy noble de Zalduendo, Morante volvió locos los tendidos. El torero de La Puebla, frente al segundo toro, realizó una faena cumbre en su temporada. Su temple, su torería, su originalidad galvanizaron al respetable. Mató correctamente y salió a hombros, lo que no acontece a menudo últimamente. Castella se expresó de otra manera: se come crudos a todos sus toros, pero sin obligarlos. Su entrega no fue en detrimento de la fluidez de una faena bien construida y que fue a mas, rematada con una bella estocada y justamente recompensada con dos merecidas orejas. Tras los éxitos de los que le precedían, sobre Manzanares había mucha presión y el torero también apostó fuerte y sacó su varita mágica: dos estocadas fulgurantes que impactaron en los trofeos y le permitieron a él también salir a hombros.

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