LA SANGRE QUE TRIBUTA

La pasada semana, en un intervalo de cuatro días, caían heridos los dos toreros que, en su correspondiente escalafón, han puesto nombre a la presente temporada. Nombres, en este caso, de revelación, de grata novedad, de ilusionante buena nueva y esperanzador futuro. Uno se anuncia Roca Rey y el otro López Simón; aquel se ha hecho el amo de la novillería, éste está consiguiendo hacerse un sitio a codazos –entiéndase a triunfo cantado– en la cabecera del cerradísimo escalafón superior.

El lunes, día 7, en la toledana Villaseca de la Sagra, un novillo áspero y de sentido del hierro de Flor de Jara, pésimamente lidiado por la cuadrilla, hirió al novillero limeño al ejecutar la suerte suprema. El levantisco animal no merecía otra cosa que un macheteo eficaz y una estocada de recurso, pero en el momento que atraviesa Roca Rey ni de lejos se asoman a la mente del muchacho una cosa u otra. Ni siquiera le importó cruzar con verdad el pitón derecho del astado para conseguir la estocada, pese a que por dicho lado el avispado burel “cogía moscas”, como suele decirse en el argot, obligando al torero a construir su valiente faena por el pitón zurdo. No obstante, como otro rasgo evidente de su casta torera, tampoco le importó arriesgar lo suyo para sacarle, al final de la misma, una meritoria tanda de derechazos.

Tres días después, en el tercer festejo de la feria de Albacete y al intentar dar un pase cambiado por la espalda, era el diestro López Simón quien resultaba herido por su segundo toro de Alcurrucén, después de haber paseado la oreja de su primero ante un público absolutamente predispuesto a su favor como hacía tiempo que yo no veía con un torero.

Las dos cornadas fueron pronosticadas de graves, aunque ambas son de las que sanan fácilmente en cuanto pasa el tiempo de espera sin presentarse complicaciones; no obstante, en el caso de Roca Rey, la fractura de la base de uno de los metacarpianos de la mano izquierda es lo que puede retardar más su reaparición, haciendo peligrar su próxima alternativa en Nimes el próximo día 19. Del mismo modo, la cornada de López Simón amenaza privarle de confirmar la suya en el mismo coso un día después. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.

Lo evidente es que las dos cornadas han cortado la racha triunfal que llevaban ambos espadas; algo que suele suceder –y ahí está la historia del toreo para ratificarlo– cuando los toreros pisan el sitio de la verdad y arriesgan tarde tras tarde buscando el triunfo. Porque no es cierto eso de que los toros cogen al torpe –aunque los haya y los cojan– o al suicida –no conozco ninguno en el toreo–, sino a los que son capaces de traspasar esa raya que separa la autenticidad de lo que no lo es. Sobre todo a los que la traspasan tarde tras tarde, toro tras toro. Éstos, antes o después según tengan menos o más fortuna, pagan el tributo de sangre que el toreo exige a los mejores se llamen José Tomás, Manolete, Antonio Ordóñez, El Cordobés, Paco Ojeda, Manili, José Luis Parada, José Antonio Campuzano, etc., o ahora López Simón y Roca Rey. Decir lo contrario es mentir, como también lo es cantar como mérito el no sufrir cogidas. Verdad que esto, en cierto grado, es cuestión de suerte, pero no cabe duda de que a lo que el toro le cuesta más trabajo herir es a la mentira. No lo olviden nunca.

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