NIMES VENDIMIA 2015 : CONFIRMADO Y RATIFICADO

La pasada semana, exponía yo mis dudas sobre la comparecencia en Nimes de Roca Rey y López Simón. Del primero, por la fractura de la base del metacarpiano del dedo pulgar de la mano izquierda, ya que la cornada que sufría, aunque fresca aún, no parecía impedirle torear, y del segundo, por el escasísimo espacio de tiempo que mediaba entre el percance y su compromiso nimeño.

Sin embargo, ambos confirmaron que no había lugar para ninguna duda. Roca Rey, pese a que la herida del muslo aún le supuraba, se proveyó de una férula especial para proteger su pulgar izquierdo del trasiego de la lidia, y López Simón no sólo estaba a la hora convenida en el portón de cuadrillas del anfiteatro romano de Nimes, sino que reaparecía tres días atrás en Albacete, en el mismo ruedo donde había resultado herido justo una semana antes.

Confirmada su presencia en la feria nimeña, ambos ratificaron su condición de aspirantes a figuras del toreo y se reafirmaron como dos toreros que llevan la ilusión a los tendidos donde quiera que actúan. Los dos abandonaron la plaza en hombros y, aunque lo hicieron por la de cuadrillas, esa puerta fue la verdadera de Los Cónsules tanto un día como otro, si aquilatamos los méritos que llevaron a ambos a salir por ella. Particularmente, los que contrajeron en los toros que cerraron festejo en sus respectivas corridas.

Al “Gavilanillo” –divisa de Núñez del Cuvillo– de López Simón, le vinieron muy bien los doblones con que el madrileño comenzó su faena. Lo que siguió está esculpido en la estela donde Simón proclama su tauromaquia: quietud, dejar la muleta en la cara de la res y quedarse en el sitio donde los toros tienen por fuerza que repetir las embestidas, ligar sin solución de continuidad tandas de cinco o seis muletazos como mínimo, muleta de mano baja, trazo templado y limpio y mucha verdad a la hora de dejarse pasar los toros muy cerca de las taleguillas. A ese guion se ciñó a desprecio del viento que molestó la tarde entera y de que, alguna que otra vez, el toro se le venía andando como queriéndosele parar en la barriga. Imperturbable, Simón continuaba el muletazo sin alterar en nada el cadencioso ritmo de la tela y así le fue ganando la partida, con el público entregado a su entrega, hasta rubricar su obra con una estocada al encuentro que hizo asomar en el palco los dos pañuelos a la vez y a nosotros quitarnos el mal sabor de boca que nos había dejado su deficiente forma de entrar a matar a su primero.

Al juampedro que tenía que abrochar la tarde de la alternativa de Roca Rey, le formó éste un verdadero alboroto con el capote desde el lance inicial al remate de la larga cambiada de rodillas, con estrambote de revolera y brionesa. Era toro de “lío” y por esa opción estaba el torero. Pero se rompió una mano, para trocar la fortuna en desgracia. Y salió “Despreciado”, un sobrero castaño y astifino del hierro de Victoriano del Río, que comenzó a “orientarse” en las lopecinas del quite para después lucir en su pitón izquierdo un arma letal de alta tecnología con la que arrolló a un banderillero en el segundo par y amenazó con mandar a la cama al torero cada vez que tuvo oportunidad, buscándolo, haciéndole hilo y tratando de cogerlo a la mínima ocasión. No arredró esto al recién alternativado, que pisó los terrenos del peligro con la naturalidad y firmeza de una figura consagrada y no como un espada novel que acababa de salir del “hule” con el muslo partido y una mano rota. Tanto paseó al borde de la tragedia, que a punto estuvo ésta de producirse a la salida de un pase de pecho, cuando el toro ya había desarrollado sentido por ambos lados. Afortunadamente, un hachazo como para partirlo en dos, se quedó en la rotura de la taleguilla y un intenso dolor en el dedo fracturado lastimado durante la voltereta. Pero Roca Rey tiene el pellejo duro y las ideas muy claras. Sabe lo que quiere y lo que cuesta, y ahí siguió diciéndole a Nimes, a Francia, a España, a Perú y al orbe taurino entero, que quiere ser figura del toreo y que tiene condiciones para serlo. Con el peor lote –el de la alternativa fue noble pero soso y blando en grado superlativo, además de compadre del viento–, hizo muy de largo lo mejor y más torero de la tarde. En ella, la puerta de cuadrillas por la que lo sacaron tras cortar oreja en cada toro, fue más que nunca la auténtica y verdadera Puerta de los Cónsules.

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