LA PRIMERA OREJA EN LA CORTE

Este 29 de octubre se habrán cumplido ciento treinta y nueve temporadas desde que un torero paseara en triunfo, por primera vez en la historia, la oreja de su enemigo ante el público capitalino. 139 años nada menos, mediando entre la última concedida, paseada por López Simón el pasado 2 de octubre, y la que consiguiera el espada algecireño José Lara, Chicorro, en la última corrida de toros celebrada en Madrid la temporada de 1876.

Una y otra, no obstante, fueron paseadas en ruedos distintos, ya que la que inaugurara la estadística de trofeos concedidos tuvo lugar en la entonces todavía “eralita” plaza de la carretera de Aragón, que abrió sus puertas por primera vez 26 meses antes, de la mano de aquel popular empresario, don Casiano Hernández, que se ganó un puesto en la inmortalidad, cuando días antes de la inauguración, colocó aquel célebre anuncio en las taquillas de la plaza, que decía textualmente: “De Orden de la IMPRESA no ay sol oy”.

Don Casiano, que seguía dirigiendo los destinos del flamante coso en la tarde que aquí nos trae, volvió a demostrar en tal ocasión su poder para hacerse respetar por astros y meteoros, ya que si en aquel verano de la inauguración dejó sin sol a los madrileños, en esta del 29 de octubre, consiguió que las nubes que amenazaban suspender la corrida retuvieran su carga acuosa para que las cuadrillas de Lagartijo, Frascuelo y Chicorro pudieran hacer el paseíllo sin novedad, en presencia del rey Alfonso XII, de su hija María de las Mercedes, princesa de Asturias y los príncipes de Sajonia-Weimar.

La señalada efeméride ocurrió en el tercer astado de la tarde, que atendía por Medias-negras, berrendo en negro, botinero, capirote y bien armado, con el hierro de Benjumea, aunque con la divisa encarnada, blanca y amarilla, de don Rafael Laffite y Castro, entonces su propietario. Chicorro, de verde esmeralda y oro, tomó la garrocha, brindando al palco real un salto de los suyos que le salió perfecto. A renglón seguido, citó al toro a cuerpo limpio, para quebrarlo con ajuste y quitarle limpiamente la divisa, con la que subió al palco para ofrecérsela al príncipe de Sajonia, quien lo recibió cordialmente junto con S.M. el Rey.

Vuelto al ruedo, donde Medias-negras había tomado ocho varas a cambio de dejar un jaco para las mulas, Chicorro cogió banderillas cortas –de “a cuarta” las llamaban entonces– para prender dos pares reunidos y en lo alto, y un tercero, ya con las comunes, que dejó al cuarteo tras intentar infructuosamente, dadas las condiciones del toro, ponerlo al quiebro, recogiendo una atronadora ovación.

Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. En medio de la cosecha de aplausos, brindó al respetable y se fue al toro para –al decir de los críticos– parando los pies como casi nunca se ve en la plaza, dar seis pases naturales, dos con la diestra, tres de telón y tres zurdos y arrancarse a matar como una vela para pinchar en hueso sin soltar y volver a enfrontilarse con el burel, enterrar todo el estoque en el hoyo de las agujas de un volapié de libro del que salió el toro rodado de los vuelos de la muleta –muerto sin puntilla–, haciendo que la plaza se convirtiera en manicomio y la arena en un adelanto de unos grandes almacenes, con multitud de cigarros, sombreros, bastones y hasta chisteras y levitas. Infinidad de pañuelos blancos se agitaban en los aires mientras las gargantas enronquecían al grito de “¡Que se lo den, que se lo den!”. El presidente, atendiendo a la opinión unánime del público, regaló… ¡¡El TORO!! al matador, quien le cortó la oreja como señal, para que no se confundieran los matarifes en el desolladero. Con ella en mano, dio una apoteósica vuelta al ruedo.

Excepción justificada, en opinión de la prensa del momento, 139 años más tarde me hace agradecer que en aquel palco madrileño no estuviera ningún ancestro de los actuales presidentes de Zaragoza –¡enseguida iban ellos a conceder, no ya el toro, la oreja, habiendo pinchado antes!–, pues tan feliz circunstancia ha propiciado que los lectores puedan disfrutar de la efeméride y a mí no haberme dejado sin tema para escribir esta semana.

Comments are closed