PACO UREÑA HIZO EL MEJOR TOREO DE LA FERIA OTOÑO MADRID

Toreo grande el hecho por Paco Ureña en Madrid. Cimentado en el valor y el aguante, y desplegado con temple y llanto o cante, su música hirió hasta los tuétanos la sensibilidad de la plaza de Las Ventas. Si como dijo Juan Belmonte el toreo es un ejercicio del espíritu, Madrid ha vuelto a descubrir ese milagro estético en la muleta prodigiosa del murciano Paco Ureña. Quejido y trazo, valentía y pureza; hondura, redondos despaciosos como lágrimas, naturales de cintura rota, el toreo irrepetible. Y no digo más.

Tan sólo que Paco Ureña, que pinchó y atravesó al toro, hizo el mejor toreo de la Feria y de muchas ferias.

Pero el triunfador del ciclo fue López-Simón, protagonista de una tarde heroica y torera. Y como además usó bien la espada, salió por la Puerta Grande. El de Barajas ya se ha encaramado a las ferias de la próxima temporada.

En verdad, todos los toreros han estado bien en este ciclo otoñal, siempre por encima de los toros. Tanto los novilleros como los matadores. Ni un reproche, pues. En consecuencia, surge una pregunta. ¿Por qué no triunfaron si a todos se les vio diestros y dispuestos? Por una razón evidente: no hubo un solo toro bravo en toda la feria. Los hubo descastados y sin fondo, como los novillos de El Torreón; mansos a la defensiva, como los de Puerto de San Lorenzo; imposibles por sus hechuras -nunca embistieron los tranvías de dos pisos-, como los de El Vellosino; y mansos con genio, como los de Adolfo Martín. Ante el juego de estos toros, que a la postre complació a los aficionados, valga una observación. Si la bravura -o sea, el valor del toro- es entregarse a la embestida, ninguno se entregó. Todo lo contrario, se defendieron. Eso sí, con violencia y malas ideas, con peligro traicionero, y por eso el público se emocionó… aunque yo pienso que si el peligro lo pusieron los toros, la emoción la pusieron los toreros. Uno de ellos -y vuelvo a Paco Ureña- lo hizo con tanta firmeza que contagió su temple a unas embestidas improbables que él hizo posibles. No, el toro no fue bravo sino exquisita y gallardamente toreado. ¡No confundamos los valores del toreo y de la bravura!

Con ansia de reencontrar la bravura y colmada por la emoción del toreo, la afición de Madrid encara la próxima temporada con la incertidumbre que que le procura el alud antitaurino, y con la convicción de que el toreo, el toreo grande, sigue vivo.

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